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Bellum, Belli martes, 12 de agosto de 2008 |

Dice Bush que una guerra como la georgiana no es propia del siglo XXI; ninguna guerra lo es, señor Bush. En el caos retórico y discursivo del Imperio la lógica de la democracia ha dado paso a la sinrazón del neoliberalismo en su estado más salvaje. En el nuevo escenario que se abrió paso con el derribo de aquel muro vergonzoso o con la debacle del “Imperio rojo”, los teóricos del Imperio creyeron ver el principio del fin del mundo hasta entonces conocido. El “fin de la historia”, preconizaban algunos historiadores financiados por las arcas de los grupos de presión neocon. Pero nada más lejos de la realidad, porque la década que siguió al desmoronamiento de la unión de soviets ha demostrado que el mundo diseñado e imaginado por el Imperio es una quimera felizmente irrealizable. El diseño de guerras supuestamente “inteligentes”, disfrazadas con el aparato discursivo de la democracia neoliberal, minan las bases mismas de nuestros sistemas de libertad y justicia. En este mar abyecto de falacias y dictaduras encubiertas, la lógica de la democracia liberal ha perdido su sentido. Estos mismos sistemas democráticos, que clasifican y enjuician a los regímenes totalitarios existentes como buenos o malos según sus propios intereses, se mantienen callados cuando una nación democrática en apariencia, pero profundamente dictatorial en sus formas, ataca desproporcionadamente a una pequeña nación caucásica.  Hoy,  casi 20 años después de la debacle apresurada del Imperio rojo, asistimos a un ajuste de fuerzas en una de las zonas más calientes del globo. Los bombardeos rusos sobre las tierras en las que nació el mismísimo Stalin es, a todas luces, una demostración de la política que el Kremlin pretende imponer en las fronteras de sus dominios. Y constituye así mismo un serio aviso a navegantes: la uniformización global ni entra en los planes de la Federación Rusa ni es posible en estos momentos.

Mientras, el Imperio se mantiene discretamente al margen de una serie de maniobras militares y políticas sumamente graves. Rusia y China compiten con el Imperio en el reparto de sus esferas de influencia. Y en esta sutil guerra, que la mayor parte de veces ni se libra con armamento convencional ni con tropas de combate, el onmipresente discurso toma el protagonismo merecido. En la base de estos discursos, aparentemente anatagónicos e irreconciliables, hay un punto en el que todos parecen coincidir: el dominio del globo, como objetivo manifiesto, ha de lograrse a través de todos los medios al alcance. La violación de derechos humanos básicos y del orden legal nacional e internacional es común a las tres potencias. Y a pesar de las diferencias formales más visibles [sería ilógico poner al mismo nivel a Estados Unidos y a China], las atrocidades siguen cometiéndose en nombre de principios tan sagrados como la libertad o la justicia por aquellos que ni creen en la democracia ni en los derechos humanos intrínsecos a cada ser humano. 

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Tíbet S.A. martes, 22 de abril de 2008 |

Resulta cuanto menos excepcional que el conflicto sino-tibetano haya pasado de ser uno de los más olvidados, ninguneados y desconocidos del planeta a ocupar un destacado puesto en el mercantilizado ranking de conflictos en los que los medios de comunicación globales centran su atención. Las democracias occidentales llevan ya más de medio siglo practicando la política de los ciegos y los sordos: mientras que el problema entre los chinos y sus revoltosos vecinos del oeste se circunscriba al Tíbet, seguiremos considerando el conflicto como un mero “asunto interno” de la República Popular. Ahora bien, en tan sólo un mes los tibetanos han logrado, con el decidido apoyo de los mass media, una cobertura mediática total a su conflicto con China. Ello ha implicado una absoluta rearticulación del discurso político occidental, y lo que es aún más importante, del lenguaje que los dirigentes democráticos han empleado hasta la fecha para referirse al conflicto. En las reuniones entre la UE o Estados Unidos con el Gigante Rojo, la problemática tibetana siempre había sido abordada como una temática secundaria de bajo perfil político; junto a los derechos humanos, la persecución religiosa o la flagrante falta de libertades, el Tíbet era un tema tan secundario que su mención no escapaba de la mera retórica habitual. Este espectacular cambio obedece, ante todo, a la reacción de las propias opiniones públicas occidentales: las imágenes que llegaron del Tíbet durante el pasado mes de marzo evidenciaban que el conflicto, lejos de desactivarse [como muchos analistas habían creído], seguía más vivo que nunca. El cambio también puede obedecer a una dinámica también excepcional en este tipo de conflictos: lejos de que la noticia se diluyese entre el mar de atentados, crisis financieras, quiebras o victorias presidenciales en tal y cual país, el conflicto tibetano ha logrado hacerse un importante hueco en los noticieros y diarios de todo el globo. El movimiento anexo de protesta mundial, especialmente dirigida contra el recorrido de la llama de la vergüenza, ha logrado el principal de sus objetivos: que la gente de todo el mundo hable sobre el Tíbet. Camisetas estampadas con logotipos y lemas ya clásicos entre los integrantes del tibetan freedom movement vendidas en casi todos los grandes portales de venta de textiles de la red; un crecimiento espectacular de la venta de banderas tibetanas en Europa y Estados Unidos; una reactivación del interés occidental por cuestiones orientales… El Tíbet y su conflicto corren el riesgo de terminar convirtiéndose en una marca de protesta más. La mercantilización del sufrimiento del pueblo tibetano es, cuanto menos, inaceptable para aquellos que creemos que, si bien es cierto que la cobertura mediática y la popularización del conflicto son sumamente importantes para la consecución del objetivo último [la liberación del pueblo tibetano y el retorno de los exiliados al Tíbet], la trivialización, la desinformación y el desconocimiento de un conflicto reconvertido en lemas vacíos y coloristas banderas pueden terminar haciendo más daño que beneficio a largo plazo.

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Free Burma - Birmania libre jueves, 4 de octubre de 2007 |



Hoy 4 de octubre la blogosfera se une en una campaña internacional para denunciar la represión y el olvido sistemático al que se ha sometido al pueblo birmano. Ni las armas ni la fuerza son vías legítimas para la defensa de un sistema tan aberrante como el impuesto por la Junta militar gobernante. Las noticias que llegan desde Myanmar afirman que el régimen ha endurecido la campaña de represión iniciada la semana pasada, peinando las calles y casas en busca de activistas pro-democracia. Se calcula que en torno a unos 4.000 monjes están encarcelados en centros de detención carentes de todos los servicios necesarios; cientos de opositores civiles están desaparecidos y/o detenidos y la intensificación de la represión en estos últimos días llenará las cárceles birmanas de más seres humanos hartos del injusto sistema de los generales.

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Libertad de color azafrán jueves, 27 de septiembre de 2007 |



Se está viviendo un momento crucial e histórico para el pueblo birmano: por primera vez en casi veinte años, el pueblo de Myanmar ha recobrado la palabra, ha roto el silencio impuesto por las armas y la violencia y ha hecho frente, al fin, a las injusticias de la dictadura de los militares. En esta ocasión, al contrario que en 1988 cuando los estudiantes se alzaron contra la Junta gobernante en aquel entonces, los monjes son los líderes de un movimiento pacífico que reivindica, ante todo, el respeto por la vida y la libertad del pueblo birmano. Monjes pobres, que vienen de las limosnas que a diario reciben de un pueblo devoto y entregado al budismo; monjes pacíficos y desarmados, que en silencio u orando se resisten a la tiranía, a la opresión, a los gases lacrimógenos y a la intimidación violenta de los poderosos, de aquellos que en el último medio siglo han sumido a Myanmar en la mayor de las pobrezas. Un ejército de monjes está poniendo al régimen a prueba, aún a sabiendas de que los que poseen las armas y la fuerza no dudarán ni un minuto en utilizarlas contra religiosos y civiles desarmados y pacíficos. Es el juego de siempre: aquellos que poseen el poder pretenden perpetuarse en él, en beneficio de ellos mismos y de sus allegados, pero a expensas de millones de compatriotas. Es el juego de las ratas armadas hasta los dientes y de un pueblo oprimido y cansado de la depravación moral intrínseca a la dictadura. La libertad en la antigua Birmania, ahora rebautizada como Unión de Myanmar, pasa forzosamente por los líderes de la presente revuelta, y como no, por su ciudadana más ilustre y conocida: la única Premio Nobel de la Paz que sufre prisión por defender la democracia y unas elecciones que ganó limpiamente en 1990. Ni China ni Rusia se lo van a poner fácil; ayer ambas naciones votaron en contra de que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitiera una resolución de condena por la violencia que la Junta ha desatado, matando al menos cinco personas, hiriendo a un número indeterminado de manifestantes y deteniendo a cientos de ciudadanos pacíficos. Rusia arguye que la crisis no está poniendo en peligro ni el equilibrio internacional ni el asiático, mientras que los chinos, principales aliados del monstruo dictatorial, se mantienen discretamente al margen de los acontecimientos, aplicando por enésima vez su embustera política del “en los asuntos internos de otros países no interferimos”. Ahora bien, los depravados disfrazados de rojos progresistas, no dudan en interferir en Darfur, vendiendo armamento y apoyando al genocida gobierno de Jartum; no dudan en apoyar al loco norcoreano que se cree un dios en la Tierra; en amenazar a todo líder de una nación que, en libertad y democracia, decide reunirse con un simple monje como el Dalai Lama… ¿Y a eso lo llaman no-intervención en los asuntos internos de otros países? Con el armamento que los chinos han venido vendiendo a los militares de Myanmar, la Junta llevará a cabo la esperada represión. Y eso sí, por primera vez los occidentales podrán estar seguros de que sus negocios de armas [prohibidas por un embargo de Estados Unidos y la Unión Europea desde 1996] no ayudarán a matar a civiles indefensos y a monjes pacíficos. Mientras, los asesinos chinos volverán a mancharse las manos con sangre ajena, ayudando a los militares corruptos a engrosar sus cuentas corrientes, a expensas de toda una nación.

Última hora: al menos cinco personas habrían muerto a consecuencia de la represión y las palizas del ejército hacia los manifestantes. Se calcula que alrededor de medio millar de personas podrían haber sido detenidas. Varios monasterios de la capital habrían sido “vaciados” de monjes, la mayoría deportados a campos de detención.

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Represión [1] miércoles, 26 de septiembre de 2007 |



La situación en Myanmar es crítica. Los tanques de la Junta han sido desplegados en los principales puntos del país; se ha impuesto un toque de queda desde las 9 de la noche hasta las 5 de la mañana; y se ha prohibido cualquier reunión de más de cinco personas. Ayer, una persona murió como consecuencia de lo que, con toda probabilidad, será el inicio de una larga y tortuosa represión. Como cabía esperar, los militares en el poder no iban a tolerar que los monjes y los civiles descontentos con el régimen quebraran los fundamentos de su principal negocio: la explotación salvaje y descontrolada del país a costa de incrementar las cuentas corrientes de los miembros de la Junta. Y así, durante más de una década, los birmanos han vivido sumidos en una pobreza material del que he sido testigo. En un país donde los bienes básicos escasean y donde las infraestructuras son más propias de una etapa pre-industrial, el levantamiento masivo de los monjes y la población contra el engendro militar era cuestión de tiempo; el manifestante de la foto lo evidencia como primera prioridad, por encima, incluso, de las reformas políticas. Pero el camino hacia la democracia parece que no será fácil, ya que el principal aliado y soporte económico del régimen, la también dictatorial China, está jugando un papel ambiguo en esta crisis. Los analistas coinciden en que los chinos podrían tener un rol clave en la apertura de un proceso de diálogo entre la Junta y el heterogéneo grupo de opositores, liderados por la Premio Nobel Aung San Suu Kyi [ganadora, de facto, de las elecciones libres de 1990], los miembros de su partido de la Liga Nacional para la Democracia, y los monjes insurrectos. Aún así, la discreción de Pekín podría ser la detonante de estos primeros episodios de represión violenta. De ser así, volvemos a tener un argumento de peso para dar la espalda a un régimen al que no le basta con violar los derechos humanos en su propio suelo; amenazar a las democracias de medio mundo con no reunirse con el Dalai Lama [una interferencia clara en la política exterior de otras naciones]; o sostener dictaduras moralmente repulsivas. ¡Myanmar libre!



Última hora. Las noticias que llegan de Yangon no son nada alentadoras, ya que la oposición exiliada en Tailandia, asegura que al menos un manifestante habría muerto y en torno a cinco monjes habrían resultado heridos por la carga policial. Unos 300 manifestantes, la mayoría monjes, habrían sido detenidos por las fuerzas policiales en la primera jornada de represión violenta de la Junta. También se tiene constancia de que las fuerzas antidisturbios habrían atacado a algunos participantes, propinándoles golpes. El miedo de la población es tangible, según los pocos periodistas presentes en la zona, ya que los recuerdos de la masacre de 1988, cuando la Junta asesinó a más de 3000 personas y encarceló a millares más, aún siguen vivos entre los birmanos.

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Rebelión pacífica; rebelión budista martes, 25 de septiembre de 2007 |



Libertad, democracia y respeto por los derechos humanos; estas son las principales consignas de aquellos cientos de miles de birmanos que, durante todo el lunes, han inundado las calles de las principales ciudades de Myanmar. Se calcula que en torno a 300.000 personas habrían participado en las multitudinarias protestas cívicas y pacíficas liderados por el clero regular budista. Cada hora que pasa llegan nuevas noticias al respecto, y por fin, tras más de una década de aislamiento y silencio, los birmanos ocupan las portadas de los diarios y televisiones de medio planeta. Algunos medios de comunicación han bautizado este movimiento de protesta como la “revolución de los monjes” por el papel central que éstos están teniendo en la revuelta. Con un escrupuloso respeto por las enseñanzas búdicas, los monjes han tomado el liderazgo de la reacción popular contra la tiranía de los militares, aquellos que hace ya casi diez años arrebataron la democracia y la libertad a toda una nación. La rebelión se ha extendido como la pólvora en menos de una semana, principalmente gracias a la acción de los monjes de los monasterios opositores al régimen. Al igual que en el Tíbet, las acciones de protesta del clero budista birmano se caracterizan por una escrupulosa discreción: la oposición al régimen se hace en base a las propias enseñanzas budistas. Así, el amor y la compasión son los principales motores ideológicos a través de los cuales los monjes hacen frente a la hostilidad de los represores. Pero Birmania, a diferencia del Tíbet, alberga aún esperanzas de cambio bien fundamentadas. Aún así, la Junta ya ha hecho saber a los principales líderes budistas del país que, en el caso de que no frenen la oleada de protestas de sus religiosos, hará uso de su conocida “mano dura”. La jerarquía budista, controlada por el régimen militar, ya ha pedido a los monjes que regresen a sus respectivos monasterios.

Las imágenes que llegan desde Myanmar son lo bastante elocuentes como para afirmar que las protestas de mantendrán, al menos hasta que el régimen ceda de una vez por todas y permita elecciones libres o haga uso de la vía represora, como muchos analistas parecen ya predecir. Estados Unidos ya ha avisado de que propondrá nuevas sanciones económicas [algo que personalmente aborrezco, ya que los principales perjudicados son los ciudadanos y no la elite militar], a la par que parece que ejercerá algún tipo de presión sobre el principal aliado de los militares birmanos, los chinos. Esperando a nuevas informaciones, actualizaré en la medida que pueda el blog; la ocasión lo requiere y los birmanos, uno de los pueblos más amables y acogedores del planeta, se lo merecen. ¡Myanmar libre!

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100.000 lunes, 24 de septiembre de 2007 |



Las protestas en Myanmar comienzan a ser masivas. Hoy lunes se calcula que en torno a 100.000 personas habrían participado en las marchas pacíficas lideradas por los monjes budistas de la capital Yangon. Ni las fuertes e intermitentes lluvias de final del monzón, ni el miedo a la represión han podido con las ansias de miles de birmanos por acabar, de una vez por todas, con el monstruo dictatorial. Tras un rezo masivo de cientos de monjes en el lugar más sagrado de Myanmar, la pagoda de Shwedagon, se organizó una protesta de al menos cinco gigantescas columnas de monjes de al menos un kilómetro de largo; a medida que los monjes se acercaban al centro de Yangon se calcula que en torno a 100.000 personas habrían podido adherirse a la protesta. Una de las columnas se dirigió a las oficinas de la Liga Nacional Democrática de la encarcelada Premio Nobel Aung An Suu Kyi, donde sus miembros, en un gesto altamente simbólico, se unieron a los monjes colocándose trozos de tela del mismo color que el atuendo de los religiosos. Algunas agencias de información aseguran que las columnas de monjes habrían sido “escoltadas” por civiles cogidos de la mano que, a petición de los propios monjes, se abstuvieron de lanzar eslóganes políticos contrarios a la Junta militar gobernante. Otra de las columnas se dirigió hacia el clausurado campus de la Universidad de Yangon, principal escenario de las masivas protestas democráticas de 1988. Las pancartas de las protestas hacían alusiones a los prisioneros políticos, a la mejor de las condiciones de vida o al cumplimiento de los deseos del pueblo birmano. Los analistas creen que la Junta, al contrario de lo ocurrido en 1988, no ha decidido llevar a cabo una represión sistemática por las presiones de su principal socio comercial y aliado político, la China comunista. Los jerarcas de Pekín temen que, en el caso de que el movimiento pro-democracia fuera reprimido por los militares, la ya delicada imagen internacional de China podría verse afectada de cara a los próximos Juegos Olímpicos de 2008. Otros especialistas en política del sudeste asiático afirman que el hecho de que las protestas estén dirigidas por los monjes ha disuadido a los militares a la hora de aplicar la “mano dura” que siempre ha caracterizo al régimen. La represión sobre los monjes podría acarrear serias consecuencias a la Junta, más si tenemos en cuenta que más del 90% de la población de Myanmar es budista y la devoción hacia los monasterios y los monjes es una práctica muy extendida entre la población. Así, con la presión de una China atada de pies y manos, una Junta militar perpleja ante el crecimiento imparable de las protestas y la adhesión explícita de Estados Unidos, Francia y Alemania a las demandas de los birmanos, las necesarias reformas democráticas parecen estar más cerca que nunca.

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Bienvenido domingo, 9 de septiembre de 2007 |



No creo ni en los héroes ni en los ídolos de masas; ni creo que la historia esté marcada por personalidades con un don especial, directoras [según las escuelas de producción historiográfica más tradicionales] de la vida de las masas. Y muy a pesar de no creer en esta arcaica y absurda concepción de nuestra historia y del mundo del presente, sí creo en que, de cuando en cuando, existen seres humanos que desafían las lógicas imperantes, el funcionamiento de sus respectivas sociedades o, incluso, el orden mundial. Junto con Mahatma Gandhi, el actual Dalai Lama [el XIV] es, con toda probabilidad, uno de los seres humanos que entrarían en la categoría anterior. Testigo del período más turbulento de la historia de Asia, del imperialismo europeo, la caída del Imperio chino, la creación del Japón imperial o la invasión de su propio país por el monstruo comunista, el Dalai Lama, exiliado desde hace casi medio siglo en la Inida, representa los valores fundacionales del pacifismo moderno. Su vía para solucionar el conflicto tibetano, la vía media o intermedia, a pesar de sus casi nulos resultados prácticos, es uno de los pocos [por no decir únicos] ejemplos de lucha pacífica. Sin bombas, refiles o asesinatos, los tibetanos liderados por el Dalai Lama han sido capaces de mantener una lucha moralmente asentada en los principios no-violentos del budismo y en la vía abierta en el pasado siglo por el Mahatma. Y es esa lucha sin sangre ni violencia, pero apartada de los objetivos de las cámaras, las televisiones o los periódicos sedientos de extremismos y barbaries, la que nos recuerda que existen vías alternativas a las explícitamente violentas para defender los derechos humanos o la libertad de los pueblos. Por ello, el Dalai Lama es la personificación del pacifismo, del respeto por las ideologías ajenas o la convivencia interétnica e interreligiosa en el mundo multipolar y globalizado. Hoy, Su Santidad, el XIV Dalai Lama del Tíbet, visita España en una gira que lo llevará por una serie de países europeos. Y como ya viene siendo costumbre, uno de los líderes religiosos y políticos mejor valorados por la opinión pública mundial, que se autodefine como un simple monje, pero que atrae a miles de personas allá por donde pasa, deleitará a todos aquellos que acudan a las conferencias programadas con la aparente simplicidad de unos argumentos que esconden un mensaje mucho más profundo: el mensaje búdico de la no-violencia y el respeto a todos los seres vivos. Bienvenido Su Santidad.

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Triple moral sábado, 30 de junio de 2007 |



Las esquizofrénicas y enfermas mentes de la cúpula del Partido Popular desconocen el significado de los términos dignidad y respeto. Lo vivido el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados es otro capítulo más de la deriva paranoide de los que, antaño, quisieron ocupar el centro político que nadie parece encontrar. Los mismos que, sin un consenso parlamentario ni social, decidieron enviar a los militares españoles al Irak ocupado, ahora claman al cielo y culpan al actual Presidente del Gobierno de la muerte de seis soldados españoles en el Líbano.

Las diferencias de los dos partidos mayoritarios de ámbito estatal, respecto a las formas y a la educación, son abismales. Mientras que Zapatero, el día en el que se conocía el trágico atentado que costó la vida a siete agentes del CNI en Irak en 2003, hablaba de la necesidad de apoyar a las víctimas y a los soldados presentes en aquellas tierras, Rajoy, en la misma tesitura, pero cuatro años después, ha optado por el insulto y el desprecio al duelo por los soldados muertos en el Líbano:

“Esto es una vergüenza. Usted decidió que hubiera soldados en el Líbano. Yo le apoyé y le pedí seguridad. Han muerto seis soldados y no llevaban inhibidores. Es una vergüenza. Entre sus responsabilidades está garantizar la seguridad de los soldados”.

Ahora bien, de lo que el impresentable del armarizado popular se queja es de que los blindados españoles no llevaban instalados inhibidores de frecuencia, un sistema capaz de frenar las detonaciones de explosivos a través de radio frecuencias. Pero claro, ustedes se preguntarán, ¿y qué pasó con los blindados españoles enviados por el PP a Irak? Pues lo mismo, que no tenían instalados esos inhibidores. Al parecer, desde este invierno, el Ministerio de Defensa ha diseñado un plan para instalar los sistemas de inhibición de radio frecuencias en sus blindados en Afganistán. Ello no supone exculpar al actual Gobierno del error de no haber instalado dichos sistemas con anterioridad, pero el objetivo hecho de que ninguno de los países que participan en la misión de la FINUL en el Líbano hayan instalado los inhibidores, exime de culpa, al menos en parte, al Gobierno socialista.

La cosa no termina aquí, ya que de todos es conocido que esta rancia derecha carece de moral, dignidad y respeto. Hace unos días, la cúpula del PP se quejaba de que el Ejecutivo socialista había decidido no conceder la medalla con distintivo rojo [dedicado a los caídos en combate] a los seis soldados fallecidos, y en su lugar, les han otorgado el amarillo. El PP promete que, en caso de llegar al Gobierno [por favor, que las urnas lo impidan] concederá, automáticamente, el distintivo rojo a los muertos en el Líbano. Lo curioso del caso es que el [in]Gobierno del Partido Popular no le concedió la medalla roja ni a los siete agentes del CNI muertos en Irak ni a los 64 militares que, por culpa de una negligencia atroz del Ministerio de Defensa de su entonces titular Federico Trillo, murieron en el accidente aéreo del tristemente conocido Yak-42. Otro ejemplo más de la demagogia rastrera, la doble [que digo, triple] moral y la falta de respeto de unos asquerosos políticos capaces de utilizar los muertos en misiones de paz o atentados terroristas en beneficio propio.

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Pacifistas de cartón miércoles, 23 de mayo de 2007 |



A estas alturas del juego, sostener o seguir creyendo que los socialistas españoles son pacifistas es de chiste, por no decir de risa. La retirada de las tropas del berenjenal iraquí era una propuesta con la que, demagógicamente, Rodríguez Zapatero había hecho campaña electoral. De esta manera, ZP logró atraerse el voto de los siempre descontentos y apolíticos jóvenes, una masa ideológicamente de izquierdas pero tradicionalmente ajena a la participación electoral. Los socialistas nos prometieron una “nueva manera de hacer política”, y hasta aquel ingenuo con cara de tonto que hoy preside esta nación de naciones, llegó a afirmar que “el poder no lo cambiaría”. Pues bien, tres años después de la más que justa victoria electoral del Partido Socialista, las cosas no parecen haber seguido el camino prometido por la socialdemocracia de este país. Mientras que el gobierno entrante mandaba retirar las tropas del infierno iraquí, el Congreso daba luz verde al envío de efectivos militares al caos afgano. Y ustedes me dirán ¿qué diferencia hay entre tener tropas en Irak a tenerlas en Afganistán? Pues nuestros siempre pacifistas socialistas se escudan en un argumento de dudosa credibilidad: la guerra de Irak era ilegal, mientras que la de Afganistán contaba con el aval de las Naciones Unidas. Categorizar las guerras entre legales vs. ilegales puede ser contraproducente, por no decir reduccionista [y en esta categoría entro yo, que en alguna ocasión he hablado de la ilegalidad de la intervención en Irak]. Las guerras, sean del color que sean y tengan las causas que tengan siempre serán ilegales en el sentido abierto del término [no en el jurídico]. Todas son igual de aberrantes y nacen de una clara ilegitimidad: el uso de las armas y la fuerza para defender un punto de vista, una idea o un orden concreto. Partiendo de ésta lógica, el envío de tropas al cóctel molotov en el que se ha convertido Afganistán no deja de ser igual de inmoral que la permanencia en Irak, por muchos avales de Naciones Unidas [una institución desprestigiada, autoritaria y anacrónica en el actual contexto global] y de la UE que los socialistas españoles pretendan esgrimir como legitimadoras de una decisión bélica. Si a esto unimos la desidia y la falta de interés de Rodríguez Zapatero por el problema del tráfico de armas [en 2005 planteó sacar adelante una ley que regulara, de una vez por todas, el comercio de armas, aún la estamos esperando], y el escalofriante dato de que España es el mayor suministrador de municiones del África subsahariana, llegamos a la conclusión de que el pacifismo de los socialistas es de cartón-piedra, por no decir de cartón malo, a secas. La compra de misiles Tomahawk por un millonada de euros por el Ministerio de Defensa español, el mantenimiento de los efectivos militares en Afganistán y la no-regulación de la venta de armas [una promesa electoral aún sin cumplir] evidencian hasta qué punto, los mismos que se manifestaron hace tres años en contra de la guerra y que utilizaron el lema con el que todos nos sentimos identificados para sus propios fines electoralistas, hoy practican todo lo contrario: pactan la compra de misiles con los mismos que bombardean las casas de los iraquíes; le hacen el juego al Imperio al que dicen oponerse en las tierras del opio afganas; justifican con su no-regulación el comercio de armas al tercer mundo y el lucrativo negocio que las empresas españoles hacen en los países en conflicto. Sí, este es el pacifismo de los mismos que en el vídeo de la campaña electoral para las municipales y autonómicas hablan, de entrada, de la paz mundial. Este es el pacifismo de unas ratas carroñeras que se dicen de izquierdas, cuando no son más que un burdo subproducto de algo que llaman socialdemocracia; son la escoria ideológica de siempre, los de la rosa y el puño; los de la rosa, la metralleta, el misil y el tanque.

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izquierda unida





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Xerach F. Smeding