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Tíbet S.A. martes, 22 de abril de 2008 |

Resulta cuanto menos excepcional que el conflicto sino-tibetano haya pasado de ser uno de los más olvidados, ninguneados y desconocidos del planeta a ocupar un destacado puesto en el mercantilizado ranking de conflictos en los que los medios de comunicación globales centran su atención. Las democracias occidentales llevan ya más de medio siglo practicando la política de los ciegos y los sordos: mientras que el problema entre los chinos y sus revoltosos vecinos del oeste se circunscriba al Tíbet, seguiremos considerando el conflicto como un mero “asunto interno” de la República Popular. Ahora bien, en tan sólo un mes los tibetanos han logrado, con el decidido apoyo de los mass media, una cobertura mediática total a su conflicto con China. Ello ha implicado una absoluta rearticulación del discurso político occidental, y lo que es aún más importante, del lenguaje que los dirigentes democráticos han empleado hasta la fecha para referirse al conflicto. En las reuniones entre la UE o Estados Unidos con el Gigante Rojo, la problemática tibetana siempre había sido abordada como una temática secundaria de bajo perfil político; junto a los derechos humanos, la persecución religiosa o la flagrante falta de libertades, el Tíbet era un tema tan secundario que su mención no escapaba de la mera retórica habitual. Este espectacular cambio obedece, ante todo, a la reacción de las propias opiniones públicas occidentales: las imágenes que llegaron del Tíbet durante el pasado mes de marzo evidenciaban que el conflicto, lejos de desactivarse [como muchos analistas habían creído], seguía más vivo que nunca. El cambio también puede obedecer a una dinámica también excepcional en este tipo de conflictos: lejos de que la noticia se diluyese entre el mar de atentados, crisis financieras, quiebras o victorias presidenciales en tal y cual país, el conflicto tibetano ha logrado hacerse un importante hueco en los noticieros y diarios de todo el globo. El movimiento anexo de protesta mundial, especialmente dirigida contra el recorrido de la llama de la vergüenza, ha logrado el principal de sus objetivos: que la gente de todo el mundo hable sobre el Tíbet. Camisetas estampadas con logotipos y lemas ya clásicos entre los integrantes del tibetan freedom movement vendidas en casi todos los grandes portales de venta de textiles de la red; un crecimiento espectacular de la venta de banderas tibetanas en Europa y Estados Unidos; una reactivación del interés occidental por cuestiones orientales… El Tíbet y su conflicto corren el riesgo de terminar convirtiéndose en una marca de protesta más. La mercantilización del sufrimiento del pueblo tibetano es, cuanto menos, inaceptable para aquellos que creemos que, si bien es cierto que la cobertura mediática y la popularización del conflicto son sumamente importantes para la consecución del objetivo último [la liberación del pueblo tibetano y el retorno de los exiliados al Tíbet], la trivialización, la desinformación y el desconocimiento de un conflicto reconvertido en lemas vacíos y coloristas banderas pueden terminar haciendo más daño que beneficio a largo plazo.

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Más y más represión domingo, 20 de abril de 2008 |

Mientras que las miradas de los periodistas de todo el mundo se han centrado en el recorrido de la llama de la vergüenza, en el de nuevo olvidado Tíbet se están viviendo nuevos episodios de represión y violencia estatal a manos de las fuerzas policiales de la República Popular. Entre el 14 y el 15 de este mes, un contingente importante de policías asaltó el monasterio de Labrang, uno de los principales centros de las protestas efectuadas en la provincia china de Gansú. Un número indeterminado de monjes parecen haber sido detenidos, desconociéndose el paradero y el estado de salud de los mismos hasta la fecha. International Campaign for Tíbet advierte seriamente de que la integridad física de los religiosos detenidos está en grave peligro. Por si esto fuera poco, esta organización asegura que miles de tibetanos han sido detenidos en Gansu desde el estallido de las protestas el pasado 10 de marzo. En el este, en la antigua región de Kham [ahora integrada en la provincia china de Sichuan], una agresiva campaña anti-Dalai Lama y una represión inusitada ha vaciado los campos de trigo de la zona y los monasterios más importantes, como Tongkor están bajo amenaza de ser destruidos por bulldozers de la policía china. La zona de Kardze, una de las más activas en cuanto a protestas y rebelión política se refiere, fue el epicentro de una de las matanzas documentadas en el levantamiento de marzo: al menos entre 10-15 tibetanos fueron abatidos por militares chinos durante las protestas efectuadas en dicha prefectura. Los nombres completos de los asesinados pueden ser consultados en esta página. La situación que se está viviendo ahora mismo en el Tíbet es extrema: la región, cerrada a cal y canto a los periodistas extranjeros y a los turistas se halla a ocupada sistemáticamente por fuertes contingentes militares y policiales que patrullan la mayor parte de las ciudades y pueblos protagonistas del levantamiento. Miles de tibetanos se hallan detenidos en los cientos de prisiones y campos de reeducación [campos de concentración] diseminados por toda la geografía tibetana. Un número indeterminado de tibetanos, que probablemente sea superior al centenar, han sido asesinados a manos de la policía y los militares chinos desde el inicio de las protestas. El recrudecimiento del clima de violencia física y verbal contra los religiosos o los civiles sospechosos de apoyar al Dalai Lama, el lanzamiento de una campaña de reeducación en los valores socialistas más agresiva si cabe que la anterior, y el deterioro absoluto de las libertades básicas [libertad de religión, conciencia y expresión] son un hecho irrefutable. Ni la propaganda del régimen chino ni las críticas de aquellos occidentales incapaces de entender que ni los derechos humanos ni las libertades pueden ser pasto de la represión y la violencia estatal de uno de los regímenes más sanguinarios, crueles y despóticos del globo, podrán parar las ansias de todo un pueblo por alcanzar la libertad.

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Dinamita republicana viernes, 18 de abril de 2008 |

Poco a poco, y con el inexorable paso del tiempo, los testimonios vivos de una época crucial de nuestra historia se van apagando y desapareciendo. Los protagonistas de la primera experiencia democrática de nuestra historia y de la salvaje contienda civil que la siguió fallecen sin un reconocimiento oficial por su condición de luchadores por la libertad. Ayer, con 88 años, pasaba a mejor vida una de estas heroínas republicanas: una mujer excepcional, Rosario La Dinamitera, vanguardia feminista y ejemplo paradigmático del proceso de incorporación de las mujeres a la defensa de la legalidad democrática de la República. Miles de mujeres como Rosario, con rifles y dinamita en mano, pasaron a formar parte activa de los heterogéneos frentes antifascistas en los que, no exentos de debates ideológicos y enfrentamientos internos de todo tipo, anarquistas, comunistas, socialistas, republicanos y mujeres y hombres de toda clase y condición luchaban unidos, a pesar de su diversidad, contra el monstruo fascista. Con el alzamiento fascista del 18 de julio de 1936, Rosario dejó sus clases de corte y confección para alistarse en el bando republicano, y bajo las órdenes de otro héroe clásico del republicanismo en guerra, Valentín González, El Campesino, participó en la defensa de Madrid. Aprendió a fabricar bombas caseras y a utilizarlas contra los fascistas del Cuadillo; el 15 de septiembre el estallido de una de estas bombas le mutiló un brazo: desde entonces, Rosario pasó a llamarse La Dinamietera, símbolo vivo del coraje que mujeres excepcionales como ella, o La Pasionaria, demostraron en un momento tan crítico y salvaje como aquel. Inmortalizada por Miguel Hernández en uno de sus poemas, La Dinamitera sigue siendo un ejemplo para todos aquellos descendientes de los millones de españoles que lucharon por la democracia y la libertad; ella, como tantas otras y tantos otros enemigos del fascismo, son el testimonio más importante con el que contamos para defender nuestros ideales democráticos. Porque el ejemplo y la vida de los luchadores por la libertad sigue siendo la base de nuestras reivindicaciones republicanas, jamás desistiremos en reclamar lo que nos fue arrebatado por las hordas que jamás creyeron en nuestra libertad. Gracias Rosario. ¡Viva la República!

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El mundo se mueve viernes, 11 de abril de 2008 |

Miles de personas de todo el globo han participado en las cientos de protestas que se han llevado a cabo en distintas ciudades del mundo. Jamás en el medio siglo de historia del movimiento “Tíbet libre”, tantas personas se habían movilizado para exigir el fin de un conflicto tan sangrante y olvidado. Es una más que grata noticia para aquellos que sentimos el conflicto como algo nuestro: los tibetanos, relegados a un olvido inaceptable, han logrado en tan sólo un mes una atención mediática inimaginable hasta la fecha. Las opiniones públicas de los países democráticos muestran un mayoritario apoyo al movimiento desencadenado hace exactamente un mes en la capital del Tíbet: ni la propaganda del monstruo comunista ni la censura impuesta por Pekín han logrado poner freno a una oleada de protestas internacionales comparable a la desencadenada por la matanza de Tiananmen en 1989. La crisis actual, producto de las políticas represivas chinas en el Tíbet y del estancamiento perpetuo de un conflicto con tintes genocidas no ha dejado de agudizarse, y lo que es aún peor para los jerarcas del régimen chino, ha deteriorado más si cabe la maltrecha imagen exterior del dragón rojo. La obsesión de los jefes del partido comunista por la imagen externa de China, materializada en la “limpieza” de las calles de vagabundos, prostitutas y demás “indeseables del régimen”, y en una campaña propagandística sin precedentes, ha sido dinamitada en mil pedazos por miles de tibetanos en pie de guerra, y por aquellos que desde occidente apoyamos sin fisuras la justa lucha de los mismos. El reto que los tibetanos han lanzado al mundo es cuanto menos histórico: jamás en el medio siglo de vida del movimiento, ni los tibetanos ni su causa, habían recibido una atención mediática como ésta. Y es por ello que, en este crucial momento histórico para el movimiento y para los propios tibetanos dentro del Tíbet y en el exilio, nuestro apoyo es sumamente importante. Yo aporto mi pequeño granito de arena modificando el logotipo de mi blog insertando una bandera tibetana: “Tíbet libre”, ahora y siempre.

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La llama de la vergüenza martes, 8 de abril de 2008 |

La fuerza de las protestas pro-Tíbet, encabezadas por exiliados tibetanos y simpatizantes occidentales de una causa que ya cumple más de medio siglo, son de una intensidad nunca antes vista. El efecto dominó de la sublevación iniciada el 10 de marzo en Lhasa, el contagio hacia las vecinas provincias chinas limítrofes a la oficial Región Autónoma del Tíbet con amplias minorías tibetanas, y la extensión internacional de las protestas suponen un serio reto a los jerarcas de Pekín. A cuatro meses de los Juegos Olímpicos el estallido de un conflicto irresuelto y tan complejo como el sino-tibetano era de prever. Los tibetanos han sabido sacar rédito a un momento crucial para el régimen comunista: los Juegos, como escaparate mundial de las bondades y éxitos del país del doble sistema, debían ser aprovechados para presionar a una democracias occidentales incapaces, durante ya más de medio siglo, de articular una respuesta común ante la ocupación china del Techo del Mundo. Los ataques a la antorcha olímpica, símbolo mismo de las vergüenzas y el descaro de un Comité Olímpico que ha sido parte activa del esperpento de otorgar los Juegos a uno de los países en los que más se vulneran los derechos humanos, comienzan a ser masivos. Nunca antes en la historia del olimpismo, exceptuando citas tan aberrantes como Berlín 1936 o Moscú 1980, un país con un sistema dictatorial tan cruel y sistemático como el chino había logrado hacerse con una cita que, al menos teóricamente, encarna los valores del deporte como arma de paz y armonía entre las naciones. Es absolutamente inaceptable que China, un país que encarna los valores justamente opuestos a los defendidos por el COI, sea la encargada de hospedar los Juegos mientras, a miles de kilómetros de la capital olímpica, se esté matando a balazos, encarcelando y torturando a cientos de activistas tibetanos. El boicot a los Juegos es más que necesario: no debemos dar audiencia a un espectáculo que encubre matanzas en el Tíbet; que mira hacia otro lado cuando se encarcela, a diario, a activistas pro-democracia en China; que antepone los suculentos millones de los patrocinadores del evento a las ansias de libertad del pueblo tibetano y, por supuesto, a las necesarias reformas democráticas de una China cada vez más estalinista.

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