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Hace dos años martes, 24 de febrero de 2009 |


Aquel día me levanté sin haber dormido. Había pasado buena parte de la noche en la cocina, acostado en el suelo helado, acompañando a Nira en sus últimas horas. Solía despertarla a altas horas de la mañana, cuando el insomnio me asaltaba con la misma letanía de siempre, la que después de tres años aún me despierta a las cuatro, a las cinco, a las seis, cuando aún es de noche, cuando sólo se oye el silencio. Ella no se levantaba, estaba acostumbrada a las visitas inoportunas, molestas, quizá. Movía contenta lo que le quedaba del rabo amputado por aquella enfermedad que le mataba la piel. Le caía alguna galleta, o uno de esos palos para perros con olor a ahumado, los que la volvían siempre loca. Intenté dormir un rato, sin éxito alguno. Sólo quedaba esperar amanecer, para ver la muerte, la que no te toca a ti, la que se lleva a los que quieres. La que me visitó años antes cuando aún no sabía ni lo que era pasar a la no-vida. Mi madre me llamó a gritos, en plena calle. Nira se había desplomado presa de unas convulsiones que la asediaban con una periodicidad insufrible. Salí a la calle en aquel chándal que aún hoy hace de pijama de invierno. Saqué fuerzas para cogerla en brazos, acostarla en el sofá y tranquilizarla. Todo había acabado, me dije de rodillas, pálido, invadido por esa sensación extracorpórea próxima al estado de shock. Lo que siguió a ese momento me lo guardo, porque hay cosas que aún duelen demasiado como para ser contadas. Y porque hay recuerdos que revividos duelen aún más. Y es que hace dos años que nos dejó sin dejarnos del todo. Aún hoy, cuando hablo de ella, lloro. Descansa en paz, para siempre, Nira.

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Toma un poco de futurismo domingo, 22 de febrero de 2009 |

Todos llevamos dentro un futurista en potencia, un iconoclasta moderno, mecanizado, violento y postindustrial. En homenaje a ese futurismo prefascista, puro, que ahora cumple un siglo de vida, te imagino aplastado por un robot gigante, mecánico y todopoderoso. El Gozilla de lata te hará pedazos, por imbécil, soberbio y egocéntrico. Porque en el mundo en movimiento del futuro has pasado a ser un cadáver presa de los idilios de un futurista de izquierdas, el que te destruyó sin adjetivizaciones posibles, sin la prosa homérica y el lenguaje viciado y corrupto que terminaste convirtiendo en bandera e insignia de la rémora del pasado al que siempre has de pertenecer. Porque  en el mundo del futuro no sólo no tienes cabida, es que ni tan siquiera existirás. 

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Apunta y dispara martes, 3 de febrero de 2009 |

Las cosas no mejoran, me dices. Como si yo no lo supiera o fuese gilipollas. Tras el ring ring inesperado me he quedado fuera de juego. El enemigo sabía muy bien donde apuntar y cuando hacerlo. Y lo hizo, sin previo aviso y a pleno día. Vuelvo inesperadamente al mismo pantano en el que me encontraba hace meses, con una llamada que se interpone entre lo que pasa ahora, lo que pasó y lo que pretendo que pueda pasar. Pero los demás pretenden que pasen cosas que yo no pretendo que pasen. Siento como me vuelven a escribir un guión para el que no estoy hecho. La estrategia de aquellos que tiran la piedra y se esconden de cuerpo entero parece haber tenido éxito. Sin más estrategia de marketing que la mentira más burda, han orquestado la trampa perfecta. O paso por el aro o me joden vivo. Reflexiono qué hacer. Tomo un poco de aquellas sales que sobraron de un sábado de molinos de un verano que ya no es. Organizo una extraña expedición para salir de casa, para morirnos de frío, para bailar, para reírnos. Termino en un viaje sin retorno lógico, acostado, viendo una película de Almodóvar al amanecer. Me muerdo los dientes mientras veo a Gurruchaga haciendo de dentista pederasta. Y termina la película, “Qué he hecho yo para merecer esto”, el mismo título que fácilmente podría sintetizar mis últimos tres años, mis últimos tres meses, mis últimas tres semanas, mis últimos tres días. 

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