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Recortes [5] sábado, 27 de septiembre de 2008 |

Metáforas del mal gusto. La lucha por los billetes de colores, la corrupción del que nada tiene. El retorno a la ínsula de un indeseable. Viene a por tu dinero, le digo; ella lo sabe. Escoria humana para una familia descompuesta. El reparto de aquello que no es suyo. La moralidad en tela de juicio. Los límites difusos de la perversión. Tu llamada, saber de ti. Arroz para una tarde corta, de prisas mal llevadas. Tu barco in extremis. Apología del vegetarianismo, de valores más profundos. El mercado de la carne. Metáforas absurdas para decirte lo evidente, que me gustas, que quiero estar contigo. Te esperaré lo que haga falta. Lo absurdo de una confesión escrita. Carne congelada, carne de otro lugar, carne que desea ser comida. Flores para cabras. Antro recomendado, odiado. Risas en soledad para una tarde extraña, como mi vida contigo.

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Recortes [4] jueves, 25 de septiembre de 2008 |

El vacío aparente de la ciudad, la rapidez insólita de la autopista en pleno septiembre, saber que estás más cerca, menos lejos que en ese norte que me distancia de todo. El desierto de la tienda, la soledad del falso librero. Pásate, te digo; el lío que lo impide. Otra cita que no pudo ser, planes para otro día. La pasta con pesto, queso rallado. Café para otra ocasión. Desearte bajo un sol de justicia, el sudor sin fiebre. Antro de desolaciones, de cosas a medio hacer. El castigo del que en soledad trabaja, la gratuidad de las cosas. Conflictos irresueltos, sueldos de miseria, sueldos de ficción. Necesitar hablarte, ser escuchado, ser amado. Abrazos en soledad. Gestos de un cariño imposible. Recortes de un día para olvidar. Rayos celestiales para un retorno al ártico sentimental. El silencio de la noche. Tu silencio.

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Lo absurdo martes, 23 de septiembre de 2008 |

El relativismo de la postmodernidad, enterrado por aquellos que aclaman el fin de la historia, el triunfo de sus valores, dicen que liberales, y el ocaso final de las políticas de intervención, resulta una guía útil en tiempos de crisis desconcertante. El capitalismo imaginado ha resultado ser una ficción, como la vida misma, afirmaría un relativista pasado de rosca. La quiebra de todo un modelo de desarrollo, la involución del liberalismo que pudo ser, es el producto de las propias contradicciones internas del sistema, de lo absurdo de creer en la naturaleza natural del mercado, en sus bondades, en su capacidad de autorregulación. Décadas de vergonzosa crítica hacia el keynesianismo reducidas al absurdo del ferviente privatizador que recurre al flotador de lo público. La perversión final del monstruo engendrado por dementes confesos, dilapidadores del bien público, destructores del bienestar común. Socialdemocracia para neoliberales teóricos, no practicantes. Dinero público en socorro de los gigantes privados. El naufragio de aquellos que se lucraron con riquezas imaginadas. El monopoli de Wall Street, su dinero virtual. Éstos son los paisajes del capitalismo postmoderno. La devastación final del absurdo erigido en verdad a adorar. El neoliberalismo tocado de muerte. El silencio de Fukuyama, la estupidez del neoliberal arrepentido. El fin de toda una época. El absurdo de un modelo económico a la deriva. La postmodernidad en todo su esplendor. 

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Nubes I lunes, 22 de septiembre de 2008 |

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Recortes [3] |

Deseos para un verano epigonal, conversaciones en el limbo, lo que nunca se dice, lo que se querría decir, lo que realmente decimos. Playa de cemento, sol a medias. La siempre presente revolución, lo liberal, lo absoluto, constitucionalidades pasadas, Bayona, la Pepa. Mirarte mientras duermes, tu respirar profundo. Desearte mil veces. Sarcasmos de un liberalismo clásico, risas para una postmodernidad absurda. Sodomía de siglos, los sin-nombre, quemando mariposas. Lugares inapropiados para charlas pendientes. Melodías habladas, la cucaracha reinventada, el somnífero del flamenco. Me gustas, te digo; el mantra que se repite. El querer más, el no saber si tú también lo quieres. Definiciones del miedo. Un beso en el hombro, otro en el cuello, el cosquilleo del que algo siente, del que algo más quiere sentir. Claridad en la noche cerrada, fiebre y sudor, sinceridad. Chaqueta de despedida, el frío del norte. 

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Recortes [2] domingo, 21 de septiembre de 2008 |

Recortando recortes sin forma,  retales de una vida pasada, pedazos del presente continuo, ficciones de una época que espera ser vivida. Siete días de profundidad, de intimidad íntima, de discursos complejos; sentires contrapuestos. Discusiones del abismo, el pozo sin fondo que nos engulle, la órbita sin rumbo, el caos. Charlas para una semana atípica, el almuerzo deseado, la cita que nunca llega; ajos pasados, de rosca, como nosotros; una pasta a medio hacer, como nuestras vidas. Colisión sentimental, celos para una tarde grisácea. La limitación del tiempo que todo lo engulle, el café que no pudo ser, el beso que no llega. Imaginación en época de crisis, soñar despierto, soñar contigo. Desearte. 

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Tecnologías cerebrales jueves, 18 de septiembre de 2008 |

Un cerebro que no para de pensar, cerebro-pensante, dirían algunos; cerebro-retorcido, contestaría yo. A los centímetros cúbicos de masa cráneo-encefálica pueden dársele numerosas funciones: el que escribe, no sabe muy bien si por elección propia o por defecto de fábrica, optó por usarlos con el mal-pensante propósito de retorcer, hasta el final, cada idea, cada sentimiento y cada sensación vivida. El resultado [i]lógico de esta operación: un derroche de energía y un mal uso de los centímetros cúbicos que cada sapiens moderno, por defecto, trae de serie. Con semejante masa encefálica, sumida en el caos generado por el aplastamiento constante de ideas, la claridad es algo que, por inercia, no resulta frecuente. En el océano caótico de las ideas, en el de los sentimientos y las sensaciones machacadas ritualmente hasta el infinito, en ocasiones, hay conjeturas, ideas y sensaciones que con un mínimo de sensatez exigible escapan a tan terrible destino. Estas elucubraciones, prófugas de las dinámicas del miedo, materia prima principal de un elenco de tecnologías de la destrucción: la máquina machacadora, la tritura ideas, la descuartiza sentimientos, el anula sensaciones…, aún deben enfrentarse a la soledad del espacio en el que habitan los residuos de esta orgía destructiva. Extraña soledad aquella que permite que las ideas supervivientes de tal holocausto tomen una forma definitiva, maduren y encuentren un lugar, abstracto e intangible, en el que asentarse. Y muy a pesar de ello, este extraño paraje que precede a la destrucción de la maquinaria cerebral es un oasis en el que se regeneran nuestras ideas y nuestro sentir más primario. Bajar las palancas de la maquinaria que nos tortura, dejar de suministrar el combustible con el que se nutre: inseguridades, miedos, desconfianzas y pesimismos, es una opción a tener en cuenta para no ser devorados por la tecnología destructiva que habita en nosotros mismos. 

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Recortes domingo, 14 de septiembre de 2008 |

Una cama réplica de aquella que se quedó vacía hace años. Un abrazo al despertar que no recordaba; besos, muchos de ellos. La reliquia. Saber perdonar, superar el dolor. Los pisos-patera, adosados mal decorados, la Palin; risas ruidosas. Vargas Llosa, Merienda de Negros. Una playa repetida que siempre parece distinta; la guerra de aquellos que desafían a las olas. ¿Jandía o El Médano? Sol tardío, viento suave. Conversaciones pendientes para otra playa. Un beso en público. Los refritos de la clásica, País en mano. La modernidad de las ondas; el mambo. Trayecto corto, la bienvenida olorosa de la urbe. Cosas pendientes, objetos que recoger. Sonrisas y besos de despedida. De nuevo en casa. Mañana más. 

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El [tiempo] necesario lunes, 8 de septiembre de 2008 |

El tiempo, como casi todo, es sumamente relativo. Me dicen unos que, al menos físicamente,  aparento menos días de los que realmente he vivido. Entre ese plano real y objetivo, el de los años realmente transcurridos, y la percepción subjetiva del otro, parece existir un trecho que sólo puede explicarse a través del relativismo que subyace a la propia percepción temporal. Lo que los demás perciben no es necesariamente aquello que en realidad ha ocurrido, y eso, traducido al plano de los sentimientos de pérdida, recuperación y posterior caminar, implica algo de una complejidad importante. Muchos no me entendieron cuando, sumido en una tristeza de muchos días, y pasado ese tiempo “razonable” de ruptura para la mayoría, seguía pidiendo más tiempo para superar el dolor que me causaba pasar de dormir de una cama de dos a una con espacio sólo para el cuerpo del que escribe. El tiempo, en este caso, fue mayor del que muchos otros parecen haber necesitado para superar una pérdida parecida. ¿Seré más lento que los demás? ¿Necesito realmente tanto tiempo para superar aquello que  los demás mortales logran en mucho menos? Lo cierto es que, pese al tiempo transcurrido, al final, aquello se superó.

Puede que en el fondo sea una tortuga con un caparazón de estilo galápago, bien grande para esconderme de todo, que a pesar de caminar parsimoniosamente, y a veces duda de seguir andando o esconderse en el enorme hueco que lleva a sus espaldas, sabe realmente lo que le espera al final de ese camino que tanto miedo le suscita. Una tortuga que, tarde o temprano, terminará zafándose de ese lastre de caparazón para avanzar más rápidamente hacia aquello que en realidad desea. La felicidad, al fin y al cabo, sólo se consigue caminando, tropezando y volviéndonos a levantar. Tras un par de buenos batacazos, intentos de seguir adelante y, finalmente erguido, ha llegado el momento de dar el paso y caminar, sin caparazón y sin más refugio que el que proporciona la certeza de que las cosas, por fin, pueden cambiar. 

pd: gracias por la charla, Nacho. 

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¿Y ahora qué? lunes, 1 de septiembre de 2008 |

Me dice un amigo que mi abandonado blog es poco personal, y falta de razón no tiene. Pocas son las entradas que aluden directamente a mi persona, y salvo contadas excepciones, el espíritu de lo que debiera ser un blog parece haberse diluido en la inmensidad acaparadora de la política y de la historia. El espacio nació hace ya casi dos años, recién llegado de un México convulsionado por Oaxaca y la pugna presidencial de entonces. El blog ha sido desde entonces una vía de escape para el menda que escribe, un fiel retrato de mis obsesiones y de la manera en que concibo el mundo y me relaciono con él. Hace ya unos meses que me cansé de escribir, y como casi todo en la vida, la monotonía se instaló en mis entradas, cada vez más enfrascadas en lo mismo. Supongo que hay momentos en los que las cosas o cambian o se estancan. El estancamiento implica, metafóricamente, una forma de muerte, eso sí,  fácilmente evitable. Pero la forma de esquivarla pasa por ese cambio que tanto nos aterroriza a muchos. Creer en la inmutabilidad de las cosas a estas alturas resulta francamente estúpido, y muy a pesar de ello, sigo con ese miedo a cualquier cambio. Unos se enfrentan al cambio recurriendo a la divina providencia, vamos, que si los cambios llegan es por qué así lo ha querido ese guión celestial al que todos sucumbimos. Aceptar el cambio desde ésta óptica resulta, cuanto menos, cómodo. Otros, con los pies más pegados a la tierra optan por interiorizar el cambio como parte fundamental de sus vidas; así, la impermanencia es la principal característica de todo aquello que conocemos y probablemente conoceremos. Lo que al final queda claro es que, tanto para unos como para otros, los cambios son un imperativo más de esta agradable y a la vez retorcida existencia que nos ha tocado vivir. Tener miedo al cambio supongo que es normal, ahora bien, negarse a aceptarlo implica negar la realidad de aquello que nos rodea. Aferrarnos al pasado, a esa vida, cosa o acontecimiento ya muerto nos termina conduciendo a ese callejón sin salida que todos hemos visitado alguna vez. Dar el paso y optar por el cambio es lo mejor que podemos hacer cuando no sabemos muy bien qué hacer, o cuando en realidad queremos avanzar. Pero la duda inevitable del, ¿y ahora qué?, siempre termina instalándose haciéndonos dudar en más de una ocasión. Mientras se aclara la duda yo seguiré escribiendo, más sobre mí y menos sobre todo. Las dudas que esperen, es hora de cambiar. 

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