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Agosto de 1986 lunes, 18 de agosto de 2008 |

Hace 22 años que no nos vemos, que no sabemos nada el uno del otro. Dos décadas dan mucho de sí… La vida no nos dio el suficiente tiempo para conocernos; la vida casi siempre es así de cabrona. En el mar amnésico de mis recuerdos infantiles hay muy pocos episodios en los que estás presente. Como siempre, me acuerdo de lo peor: el día en el que no me quisiste comprar aquel muñeco de He-Man con doble cabeza; también guardo recuerdos más agradables, como las decenas de visitas al Loro Parque guiadas por la calidez de una mano que me hacía sentir más seguro. Lo sé, sigo siendo igual de tímido veinte años después. Lo peor del caso es que los pocos recuerdos que tengo de ti están inevitablemente asociados al drama de tu partida: me acuerdo de la noche en la que dormimos Haineto y yo fuera de casa, sin explicaciones, rodeados de mentiras complacientes y de una tensión insoportable. Me acuerdo de los temblores que anunciaban lo inevitable. Sabía que te habías marchado, pero desconocía el significado en sí de la muerte. Metáforas y eufemismos me explicaron que te habías ido para siempre: te fuiste al cielo como superman, dije a nuestra madre con lágrimas en los ojos. Sí, me respondió ella. El tabú se instaló entre nosotros sigilosa y discretamente: te habías ido y punto. Herméticamente encerrado en la burbuja del dolor, en mi mundo de juegos y fantasía en solitario afronté tu ausencia de la mejor manera posible. Los psicólogos me obligaban a pintar a una familia formada por tres y no por cuatro; yo me negaba y siempre terminaba pintándote junto a mí, agarrándome de la mano como en aquellas visitas al zoo. De poco sirvieron aquellas sesiones ilógicas, porque la muerte de alguien que se quiere se supera con el tiempo. Hay cosas que aún duelen, y esas no se curan para desgracia de todos. No se cura el dolor que causa el no tener casi recuerdos de alguien al que, a pesar de todo, quieres con locura. Nuestra memoria personal es eso, nuestra. Y en esa memoria propia te guardo como a un tesoro intocable. La memoria, tan intangible y necesaria ni se corrompe ni desaparece si así lo deseamos. Y yo opté en su día  por mantener tu memoria a través de los exiguos recuerdos que aún conservo de ti. Hoy, con palabras, te he hecho tangible, cercano, vivo. Te quiero papá. 

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Pasando olímpicamente miércoles, 13 de agosto de 2008 |

En el verano de 2001 participé en una simbólica y pequeña protesta de tibetanos exiliados en la sede del Gobierno Tibetano en el Exilio en el norte de la India, Dharamsala. El motivo, la elección de la capital china como sede de los Juegos Olímpicos que hoy se celebran. Entonces éramos muchos los que advertíamos que la celebración de la máxima cita deportiva mundial no beneficiaría en nada ni a tibetanos ni a chinos. Más de siete años después nuestra desconfianza hacia el régimen totalitario y nauseabundo de los jerarcas rojos no ha hecho más que crecer. En 2001 advertíamos que los Juegos sólo fortalecerían al Partido Comunista Chino, lo que traducido a un plano práctico implicaría una degradación aún mayor de los derechos humanos y las libertades en China. Nuestras sospechas, fundadas ya por aquel entonces en base a la larga trayectoria delictiva de la República Popular, se materializaron en las mayores políticas de “mano dura” desde la Revolución Cultural, en la persecución sistemática de cualquier tipo de disidencia y en un fortalecimiento de la línea dura del PCC.

A pesar del evidente impacto negativo de los Juegos en un hipotético y necesario proceso de reformas que parece no llegar jamás, los Juegos han hecho visibles una serie de problemas estructurales que el régimen arrastraba desde su creación en octubre de 1949. La falta de cohesión entre nacionalidades, especialmente sangrante en el caso de tibetanos y uigures, son producto de la anexión a la fuerza de zonas que en el período de entreguerras fueron, de hecho, independientes. La supeditación del interés individual al bien común es la otra deficiencia estructural de una China que pretende imponer su dominio planetario en el presente siglo. Los Juegos han permitido a los tibetanos alzar, por enésima vez desde la invasión de su país, su desesperado grito a una aldea global impactada por la violencia demostrada en marzo. Los uigures de Xingjiang, atraídos por la vía yihadista de sus hermanos musulmanes del sur, han emprendido en el oeste una guerra abierta contra Pekín. Tibetanos y uigures comienzan a desafiar abiertamente al ejército más poderoso del mundo a través de sendas vías de lucha. El conflicto está servido.

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Bellum, Belli martes, 12 de agosto de 2008 |

Dice Bush que una guerra como la georgiana no es propia del siglo XXI; ninguna guerra lo es, señor Bush. En el caos retórico y discursivo del Imperio la lógica de la democracia ha dado paso a la sinrazón del neoliberalismo en su estado más salvaje. En el nuevo escenario que se abrió paso con el derribo de aquel muro vergonzoso o con la debacle del “Imperio rojo”, los teóricos del Imperio creyeron ver el principio del fin del mundo hasta entonces conocido. El “fin de la historia”, preconizaban algunos historiadores financiados por las arcas de los grupos de presión neocon. Pero nada más lejos de la realidad, porque la década que siguió al desmoronamiento de la unión de soviets ha demostrado que el mundo diseñado e imaginado por el Imperio es una quimera felizmente irrealizable. El diseño de guerras supuestamente “inteligentes”, disfrazadas con el aparato discursivo de la democracia neoliberal, minan las bases mismas de nuestros sistemas de libertad y justicia. En este mar abyecto de falacias y dictaduras encubiertas, la lógica de la democracia liberal ha perdido su sentido. Estos mismos sistemas democráticos, que clasifican y enjuician a los regímenes totalitarios existentes como buenos o malos según sus propios intereses, se mantienen callados cuando una nación democrática en apariencia, pero profundamente dictatorial en sus formas, ataca desproporcionadamente a una pequeña nación caucásica.  Hoy,  casi 20 años después de la debacle apresurada del Imperio rojo, asistimos a un ajuste de fuerzas en una de las zonas más calientes del globo. Los bombardeos rusos sobre las tierras en las que nació el mismísimo Stalin es, a todas luces, una demostración de la política que el Kremlin pretende imponer en las fronteras de sus dominios. Y constituye así mismo un serio aviso a navegantes: la uniformización global ni entra en los planes de la Federación Rusa ni es posible en estos momentos.

Mientras, el Imperio se mantiene discretamente al margen de una serie de maniobras militares y políticas sumamente graves. Rusia y China compiten con el Imperio en el reparto de sus esferas de influencia. Y en esta sutil guerra, que la mayor parte de veces ni se libra con armamento convencional ni con tropas de combate, el onmipresente discurso toma el protagonismo merecido. En la base de estos discursos, aparentemente anatagónicos e irreconciliables, hay un punto en el que todos parecen coincidir: el dominio del globo, como objetivo manifiesto, ha de lograrse a través de todos los medios al alcance. La violación de derechos humanos básicos y del orden legal nacional e internacional es común a las tres potencias. Y a pesar de las diferencias formales más visibles [sería ilógico poner al mismo nivel a Estados Unidos y a China], las atrocidades siguen cometiéndose en nombre de principios tan sagrados como la libertad o la justicia por aquellos que ni creen en la democracia ni en los derechos humanos intrínsecos a cada ser humano. 

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Crímenes contra la humanidad jueves, 7 de agosto de 2008 |

Sigo sin conexión estable a la red, y lo que es peor, con menos tiempo del que quisiera para seguir actualizar este abandonado blog. A pesar de ello, me es imposible seguir sin hacer ni una sola mención a lo que está pasando en estos momentos en China. Con unos Juegos a un día de comenzar, la admisión a trámite por parte de la Audiencia Nacional de una querella presentada por exiliados tibetanos contra tres ministros chinos por la represión de este año en el Tíbet es una gran noticia. En concreto, la querella acusa directamente a estos tres ministros, al jefe del Partido Comunista Chino en el Tíbet y a varios altos mandos militares de crímenes de lesa humanidad, o lo que viene siendo lo mismo, crímenes contra la humanidasd perpetrados en el Tíbet desde el 10 de marzo del presente año. Si a esto unimos la gran repercusión de todas las protestas protagonizadas por tibetanos o simpatizantes Free Tibet, como el despliegue ayer de dos enormes pancartas que pedían la liberación del Tíbet a escasos metros del Estado Olímpico Nacional, el movimiento por un Tíbet libre está más fuerte y activo que nunca. Las protestas del pasado mes de marzo volvieron a encender la mecha de un conflicto largamente silenciado; las más de cinco décadas de ocupación china, la matanza de cientos de miles de tibetanos y la salvaje represión que asola el Techo del Mundo no han logrado acabar con el principal de los anhelos de todo un pueblo. Porque la libertad, la democracia y los derechos humanos no pueden ser denegados, hoy más que nunca, libertad para los pueblos tibetano y chino; ¡Tíbet libre ya!

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