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La niña viernes, 29 de febrero de 2008 |

La mención final de Rajoy en el debate del pasado lunes a la ya famosa “niña del bonobús” [como la han llamado muchos] ha generado una oleada de chistes, bromas y comentarios sarcásticos y jocosos desde la blogosfera progresista. Lo peor del caso es que la estúpida metáfora de la niña del bonobús parece haber sido calcada de un discurso que el entonces aspirante a la presidencia de México, el conservador Felipe Calderón, pronunció en su día; lo que muchos no saben es que el autor de la idea es un asesor de campaña que trabaja en las contiendas electorales de la derecha hispanoamericana. El lema “con corazón y cabeza” no es más que otra copia de un lema anterior utilizado por la derecha salvaje de Guatemala en las presidenciales de 2007: “mano dura, cabeza y corazón”, curiosamente, también idea del asesor de Rajoy. En España el PP optó por eliminar lo primero, pero aquellos que vivimos los ocho años de aznarato sabemos perfectamente que el “mano dura” está implícito en todos los discursos de esta rancia e incivilizada derecha. Ahora bien, retomando el tema de la niña del bonobús, muchos nos quedamos perplejos al oír a Rajoy apelar a la juventud española para lanzar un mensaje de futuro. Cuando el aspirante conservador se refería a esta fantasmal niña, ¿exactamente a qué se estaba refiriendo? Suponemos que Rajoy no querría entrar al meollo de la cuestión, pero el interés por saber que tipo de infancia y juventud defiende Rajoy es sumamente importante. Sabemos que en el PP, y en su programa electoral, se defienden cosas tan aberrantes como la reforma de la ley del menor, lo que implica directamente que menores de edad puedan pisar la cárcel. ¿Se imaginan ustedes a una niña de 12 años, como la aludida por Rajoy, entre rejas por haber cometido un delito? Pues sí, señores, la derecha española defiende ilegalidades tan aberrantes como esta, bajo una argumentación harto mentirosa: la delincuencia la traen los inmigrantes y la generan los menores de edad. La pobre niña de Rajoy no lo tiene fácil si a derechos sexuales y reproductivos nos referimos: en el programa electoral del PP no hay mención alguna a una reforma de la ley del aborto que despenalice, de una vez por todas, algo que no es un delito, sino un inalienable derecho de todas las mujeres; si la niña del bonobús fuera lesbiana lo tendría más que difícil en un país regido por esta derecha: no tendría derecho a contraer matrimonio, ni adoptar a un niño, porque eso, señores, pervierte el orden natural de las cosas. La niña de Rajoy lo tiene claro si la derecha accede al poder: el desmantelamiento del Estado del bienestar con un mafioso en el Ministerio de Economía, el mantenimiento o fortalecimiento de la precariedad laboral [Gaspar Llamazares dio en el clavo hoy al decir que en España ya no hay proletariado, sino una masa de 11 millones de personas que cobramos menos de 1000 euros mensuales y que formamos parte de un gran “precariado”] especialmente entre los más jóvenes. La niña de Rajoy lo tiene claro en un país gobernado por esta derecha si, sumado a su condición de joven, le añadimos la de lesbiana, mujer y precaria.

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Surrealismo electoral miércoles, 20 de febrero de 2008 |

Vivimos inmersos, aunque los partidos se nieguen a reconocerlo, en una campaña electoral en toda regla donde, a vista de lo que ha pasado en éstas últimas semanas, todo vale con tal de arañar un puñado de votos al contrario. La subasta electoral en la que se han insertado los socialistas y los populares es, cuanto menos, surrealista; supone un insulto directo a la inteligencia de los ciudadanos, al degradarnos a la condición de meros peones de un juego en el que la consiga principal es el “los ciudadanos pueden comprarse”; implica, de lleno, la conversión de los ciudadanos soberanos en menores de edad motivas por intereses estrictamente relacionados con su bolsillo; supone, finalmente, la conversión de la ciudadanía soberana en una masa sin forma, color político o ideología. La subasta electoral que muchos hemos presenciado como un espectáculo de lamentables consecuencias políticas a corto plazo, es la confirmación definitiva de que ni el PSOE ni el PP tienen la talla política suficiente como para gobernar un Estado tan complejo como el español. Ni los socialistas ni los populares son alternativas factibles a un ingobierno que llevamos viviendo ya décadas; el bipartidismo rancio y artificial, discursivamente legitimado a través de la falacia del “voto útil” y de un sistema electoral nauseabundo, es el mayor cáncer del sistema democrático español. Y como tal, este cáncer se ha extendido en forma de metástasis a los principales órganos de funcionamiento del sistema: instituciones dilapidadas y degradadas a meras comparas de los dos partidos mayoritarios, que se reparten, como si de una gigantesca tarta se tratase, la España que han logrado convertir en su coto de caza particular. Que los debates electorales hayan sido pactados hasta en su característica más nimia [color del fondo del decorado, temáticas a tratar, lugar en el que se debe celebrar…] es una muestra del modus operandi de aquellos que se dicen demócratas: convierten lo que debería ser un debate en un alegato pactado de antemano y bien preparado; excluyen a las restantes fuerzas políticas con representación parlamentaria en un alarde de despotismo y de intolerancia aberrantes, antidemocráticas de base y contrarias a la pluralidad política que debiera caracteriza nuestro sistema. Desde este blog creemos que ahora mismo ni tenemos “motivos para creer” [eslogan del PSOE] ni tenemos las “ideas claras” [eslogan del PP]; creemos que el único partido de ámbito nacional coherente y progresista es Izquierda Unida, cuyo 1.300.000 votantes, ninguneados e insultados por los dos partidos mayoritarios, podrán ser decisivos en la próxima legislatura. Por ello, y no por otro motivo, porque creemos en la pluralidad y en que la democracia es algo más que el bipartidismo insustancial y anacrónico de PSOE y PP, apoyamos el proyecto político de Izquierda Unida para las siguientes elecciones, insertando, al final de la página, el logotipo de la misma.

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Inventando [naciones] viernes, 11 de enero de 2008 |

España, como bien sabemos muchos, es una construcción nacional artificiosa que empezó a dibujarse con algo de nitidez hacia finales del siglo XIX. Al calor de los nacionalismos decimonónicos de entonces, se gestó una idea y un proyecto nacional muy concreto que, al menos hasta 1931, estuvo asociado indisolublemente a los aparatos de poder de la monarquía borbónica. La nación, o mejor dicho, los estado-nación tal y como los concebidos en la actualidad, son producto de un régimen discursivo que, llegado un punto de la evolución histórica, fueron convertidos en la forma natural, atemporal e inmutable de vertebración política e institucional de los países de medio orbe. Europa exportó a todo el globo un régimen discursivo envenenado de raíz por los males que los nacionalismos engendraron desde la génesis misma de su plasmación real en el mapa mundial; los nacionalismos, construidos a base de las diferencias y de los odios hacia el vecino o el enemigo más lejano, son, a fin de cuentas, los responsables de la mayor parte de los conflictos políticos y sociales vigentes estos días. El clásico estado-nación europeo, con su artificial y ficticia simbología y la pléyade de instituciones de dominio público que se dicen democráticas, se nos presenta como la forma natural de vertebración política de un país; pero nada más lejos de la realidad, estas formaciones son una ficción, una realidad virtual que, difícilmente, logra adecuarse a las realidades del presente. En el caso presente de España, concebida como estado-nación en el sentido estricto, el camino de construcción nacional ha sido largo y sangriento. Desde que en 1812 se redactara el primer ordenamiento constitucional y hasta 1975, la idea de España ha sufrido radicales reinterpretaciones discursivas. Hoy, 196 años después de aquella primera Constitución, en este país aún se discute si dotar de letra a un himno compuesto durante el período dictatorial; hoy, casi dos centurias después de iniciado este aquelarre nacional, el estado-nación español no ha sido capaz de dotarse de una simbología propia, evidencia en sí misma de la debilidad estructural de dicha construcción nacional. El Comité Olímpico Español y la Sociedad General de Autores, dos instituciones privadas, han sido las encargadas de seleccionar una letra para el himno franquista; parecen haber elegido una suerte de estribillo rancio, plagado de referencias y palabras anacrónicas que, supuestamente, han de dotar de sentido [se sobreentiende que nacional] a un himno decapitado durante la transición a la musicalidad sin letra. Y yo me pregunto, ¿no es esto una suerte de revisionismo de aquellas cosas que quedaron tan bien zanjadas por esa modélica transición hacia la democracia? ¿Por qué se decide tocar el himno y, ni por asomo, se propone una revisión de la Constitución y de los demás pilares de este estado-nación? Paradojas de un proceso de construcción nacional infructuoso, meras cortinas de humo para la decepcionante realidad de un estado-nación que jamás logrará vertebrarse como tal.

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De familias jueves, 10 de enero de 2008 |

Llevamos un par de días hastiados por la cobertura que los medios han hecho de la [retro]manifestación nacional-católica del pasado 30 de diciembre. La opinión de la Santa Madre Iglesia es, a fin de cuentas, una opinión más entre las muchas que en democracia pueden y deben existir; otra cosa muy distinta es que una opinión de un grupo determinado de la sociedad, y de sus legítimos o ilegítimos representantes, se erija en moral y verdad única. Es una irresponsabilidad suprema, por no decir otra cosa, que la Iglesia católica pretenda imponer a los 40 millones de ciudadanos de este país SU moral, SU modelo de familia y SU concepción [anacrónica] de la vida. La moral de la Santa Madre Iglesia debe ser acatada, única y exclusivamente, por aquellos que se dicen y sienten seguidores de la misma; los representantes de la Iglesia católica, como ya comenté en otro post, ni legislan ni ejecutan leyes; ni se constituyen en parlamentos ni están legitimados por la soberanía popular.

La Iglesia parece haber entrado con fuerza en esta lucha moral absurda que enfrenta a dos concepciones diametralmente opuestas de cómo y de qué manera deben vertebrarse el Estado y sus habitantes. La obsesión por la familia, vista por casi todos como el núcleo fundamental de la sociedad en su conjunto, roza la esquizofrenia. Durante estos últimos tres años la Iglesia y la derecha más rancia han venido augurando la disolución de la familia como institución, aupándola a los confines de lo sacro como si de un mártir se tratara. Han asegurado en infinidad de ocasiones que el matrimonio homosexual, el divorcio express o el aborto atentan contra la lógica natural de la familia. Incapaces de ver un mundo real más allá de su vomitiva estrechez de miras, éstos que se dicen defensores de la familia son los que, a su vez, callan ante la lacra de la violencia machista que su trasnochado discurso ha legitimado durante décadas; callan cuando se conocen casos de niños abusados sexualmente o maltratados sin freno por sus heterosexuales padres; callan cuando, desde sus propias filas, un cura o un obispo viola y se aprovecha de la más repugnante manera de menores de edad; callan cuando un niño es abandonado [por la pareja heterosexual que la concibió] en un contenedor, asfixiado hasta morir o entregado al sistema público para su tutela; callan, a fin de cuentas, cuando los horrores implícitos a esa caduca familia tradicional a la que repetidamente invocan como paradigma del orden social defendible, salen a la luz. Y yo me pregunto, ¿por qué los reunidos aquel 30-D no gritaron contra las lacras que la familia heterosexual engendra?; ¿por qué no gritaron contra los horrores de aquellos que, por el simple hecho de poder concebir naturalmente una vida, destrozan infancias y vidas enteras? ¿Es la homosexualidad la principal amenaza de este modelo familiar en vías de extinción perpetua? ¿No sería hora de mirar hacia las entrañas de ese engendro familiar y destripar, de una vez por todas, las auténticas lacras que amenazan el bienestar de los niños que se crían en ellas?

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¿Qué hacer? miércoles, 9 de enero de 2008 |

¿Qué hacer cuando una institución religiosa se cree en el derecho de imponer una doctrina, una fe y una idea de familia en un sistema que se dice democrático? Las opciones son, según los gustos, las siguientes:

1. Respetar el derecho a la defensa de dicha idea impositiva basándonos en que la libertad de expresión ampara cualquiera idea o tendencia [por lo que si siguiéramos esta lógica deductiva, hasta la persecución por razones de etnia, raza, género, opción política u orientación sexual, tendrían cabida en un sistema democrático] –opción pepera-.

2. Pasarnos por donde todos sabemos el ordenamiento constitucional vigente en lo referente a la separación taxativa entre Iglesia y Estado y condenar el laicismo a los abismos de lo abyecto -opción eclesiástica-. 

3. Criticar enérgicamente los intentos de unos pocos por imponernos su [trasnochada] fe y sus ideas sobre la familia, mientras hacemos hincapié en la necesidad de reforzar la laicidad del Estado –opción socialista-

4. Mandar a donde todos sabemos a aquellos que durante décadas, y amparados por un Concordato inconstitucional entre el Estado y la Santa Sede, han chupado millones de las arcas públicas, mientras criticamos sin piedad y con algo de agresividad a la cúpula de una jerarquía retrógrada incapaz de asumir la democracia –opción de Izquierda Unida-.

5. Plantarnos en la sede de nuestros respectivos obispados con una fotocopia compulsada del DNI y una renuncia escrita y firmada en la que pedimos darnos de baja de una secta nido de pederastas y reprimidos sexuales de diversa índole –opción apóstata-.

6. Dirigirnos al obispado de turno, gritarle al secretario del Obispo cuatro blasfemias bien sonoras y pedir la excomunión de inmediato; en caso de no ser concedida tal desgracia, y si para colmo eres homosexual, aprovecha y dale un morreo a tu novio/amigo/polvo de turno en las narices del representante eclesiástico –opción radical-


¿Por cuál te decantarías tú? ¿Quizá por un híbrido entre la quinta y la sexta?

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Sí se puede viernes, 15 de junio de 2007 |




En la vida uno puede hacer muchas cosas, o no, claro. Uno puede ser un hipócrita y no sentir ni la más mínima vergüenza de serlo; se puede mentir y engañar, a diestro y siniestro, y sentirse uno bien consigo mismo; se puede utilizar la demagogia sin límite alguno y seguir creyéndose sincero, entero; se puede descalificar al adversario durante meses, para luego terminar uniéndose a las filas del enemigo; uno se puede sentir de izquierdas, para luego hacer y decir cosas más propias de Falange o Democracia Nacional; uno puede estar a favor de la inmigración para luego mirar con recelo al vecino peninsular; se puede ser solidario llevando pañuelos palestinos y luego ser un cabrón con el prójimo.

Lo más triste es que uno, en la vida, puede decidir hacer y ser todo esto y mucho más. Y ayer, la mafia de Alternativa por Tenerife – Sí Se Puede nos volvió a demostrar de lo que están hechos los mafiosos pseudoizquierdistas y soberanistas de SSP-APC-IPO.... Nos demostraron, por enésima vez, que carecen de principios y valores, y lo que es aún peor, se jactan de ser los mayores demagogos de esta isla. Ellos se autoerigieron en la “alternativa” al ingobierno de CC; a través de una campaña electoral caracterizada por las mismas estrategias caciquiles que tanto denuncian [lavados de cerebros masivos, casa por casa, tienda por tienda; red clientelar entre amigos y conocidos de amigos; petición de votos fundamentados en la amistad o en las relaciones personales de los candidatos con los votantes, y no con el programa electoral…] SSP logró obtener un trozo del pastel a repartir en los municipios de Buenavista y Granadilla. Y ha sido en esta última localidad donde estos mafiosos, esta escoria, ha hecho posible [como sus propias siglas indican] hacer de la política un esperpento: han pactado con los principales promotores del Puerto de Granadilla [CC] que durante años han criticado; pactan con la derecha de este país, el PP, mientras se dicen de izquierdas. Dicen que lo hacen en aras del desmantelamiento de la red clientelar del PSOE en el municipio, para frenar la corrupción y la degradación del medio ambiente. Pero, ¿realmente cree esta gente de SSP que pactando con los dos partidos más corruptos de Canarias lograrán algo positivo? Al parecer todo esto sí se puede hacer, y lo peor de todo, se hace sin el menor remordimiento, sin autocrítica alguna y con justificaciones poco serias. A la vista está de que en la política todo es superable y SSP ha logrado lo impensable: superar a ATI-CC en demagogia, hipocresía y bajeza moral.

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izquierda unida





AVISO A NAVEGANTES

Corren malos tiempos para la libertad de expresión. En la era del terror global, la seguridad y la lucha contra un fantasma difícil de definir, el estado de excepción de facto que sufrimos recorta, cercena y redefine nuestros inalienables e irrenunciables derechos. Desde este humilde blog nos oponemos a la censura o a cualquier recorte de las libertades conquistadas. Así mismo, rechazamos cualquier ideología totalitaria que atente contra los principios básicos formulados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Cualquier visitante puede expresarse libremente en este blog siempre y cuando respete los fundamentos básicos de la citada Declaración. Aquellos comentarios que atenten contra la dignidad de las personas, su integridad física, sus creencias personales, ideología política, estilo de vida, género y opción sexual podrán ser eliminados si el autor así lo considera necesario. El autor se hace responsable de todos los artículos aquí publicados, no así de los comentarios de los participantes o visitantes de la página.

Xerach F. Smeding