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[Pre]historia queer



En varias ocasiones he reiterado la caducidad intrínseca del marco conceptual y teórico en el que se mueven la mayor parte de los historiadores. Nuestra visión del pasado más reciente se hallada mediatizada por toda una serie de ideas preconcebidas, marcos imaginados [que no reales] y fraudulentas observaciones ahistóricas que en nada contribuyen a la disciplina. La cosa se complica cuando hablamos del pasado más lejano, de la mal llamada prehistoria o de las etapas iniciales de lo que erróneamente llamamos historia [si nos atenemos a la definición clásica que estructura el pasado en torno a la existencia o no de fuentes escritas]. Pues bien, aunque es cierto que la existencia de documentos escritos ha determinado un mejor entendimiento del pasado, su uso abusivo y exclusivo nos ha conducido a caminos poco recomendables. En el caso de esa invención con la que intentamos conceptualizar toda una etapa de la evolución humana, la prehistoria, el panorama es quizás mucho más complejo. Las inferencias de la etapa más larga de la historia humana, se hacen en base única y exclusivamente a los materiales arqueológicos disponibles. Esto, lógicamente, complica mucho más el asunto: ¿hasta qué punto las inferencias en base al registro material son plenamente objetivas? ¿No pueden éstas hallarse mediatizadas por nuestro presente marco conceptual e ideológico? ¿Contaminamos discursivamente el pasado prehistórico?
En la última década parecen haber surgido dos importantes corrientes de pensamiento que, a través de la crítica sistemática a una forma determinada de entender el pasado humano [heteronormativa y patriarcal], propone nuevos marcos de análisis a tener en cuenta. La arqueología de género y la teoría queer pueden ser un buen ejemplo de la renovación teórica que la ciencia arqueológica está experimentando en estos momentos. Básicamente, lo que vienen a decir es que las interpretaciones arqueológicas, basadas en el registro material disponible, se hallan fuertemente mediatizadas [incluso determinadas] por las cateogrías y los valores de la sexualidad normativa. Es así, como los arqueólogos y prehistoriadores han establecido marcos analíticos en base a los valores del presente, en comparación con otras poblaciones de tipo cazador-recolector de las zonas del globo que aún las albergan. Y así, a través del método comparativo y las inferencias objetivas, se ha logrado alcanzar un consenso científico bastante dudoso en torno a la prehistoria. Los principales blancos de los nuevos prehistoriadores queer son la heteronormatividad manifiesta de los estudios relativos a las sociedades cazadoras-recolectoras [especialmente en lo relativo a la división sexual del trabajo] y los análisis en torno a las siempre presentes industrias líticas del momento.
Tradicionalmente se ha considerado que, a través del método comparativo con sociedades cazadoras-recolectoras del presente, las sociedades prehistóricas [al menos las del paleolítico y epipaleolítico] se organizaron siguiendo las estructuras propias del heteropatriarcado: los hombres se dedicaban a las actividades de caza y fabricación de útiles líticos, y las mujeres a la recolección, procesado de los alimentos, cría de niños... Este modelo del "hombre cazador" ha recibido sistemáticas críticas desde la arqueología feminista y la teoría queer: la asociación de determinados útiles líticos [por ejemplo, los microlitos del epipaleolítico para la caza, ergo usadas por el hombre, y los útiles de mayor tamaño para la recolección, usadas por las mujeres] con identidades sexuales preestablecidas y a imágen y semejanza de las actuales. Estos teóricos argumentan que los útiles líticos debieron de carecer de sentidos de género [gender meaning] marcados; de hecho, argumentan que éstos debieron de jugar un papel central a la hora de crear identidades de género más flexibles que las actuales. La principal crítica, por lo tanto, se centra en el absurdo de asociar útiles de piedra con géneros determinados, lo que implica legitimar presunciones de carácter heteronormativo sin fundamento lógico y objetivo alguno.
Pero la crítica rebasa el mero marco de las industrias líticas; las interpretaciones en torno al tipo de organización social de las comunidades humanas de la prehistoria siempre giran en torno a la organización más común en época histórica: la heteropatriarcial común a todo el mundo occidental. Es así como se ha establecido una falsa imagen de las sociedades prehistóricas: la del hombre heterosexual y cazador, y la mujer recolectora como las bases mismas de los grupos cazadores-recolectores. Ello implica, no sólo trasladar una organización social específica y actual al pasado [con todo lo que ello supone], sino perpeturar una visión fraudulenta del pasado más lejano. El gran problema es la auscencia de datos empíricos concluyentes capaces de desmontar todo el entramado ideológico que sustenta este marco teórico. Básicamente, los teóricos queer estudiosos de la prehistoria y la historia más antigua, parecen aún moverse en marcos teóricos aún en ciernes, por presunciones poco objetivas pero lógicas [es absurdo pretender imponer un modelo heteronormativo y patriarcal para sociedades tan antiguas, de entre 100.000-1 millón de años]. Pero, a pesar de todos estos importantes inconvenientes, la veda abierta por estos teóricos supone el demonte paulatino de las interpretaciones más sexistas del pasado más lejano; y lo que es aún más interesante, intentar hacer entender que las identidades [sexuales o no] no son ni naturales ni preexistentes, ya que estas se construyen socialmente. Al hacer referencia a sociedades tan antiguas como las prehistóricas, lo lógico es pensar en que sus formaciones culturales, sus identidades y sus sociedades se hallarían regidas por valores totalmente distintos a los nuestros. Pensar lo contrario implica hacerle el juego a aquellos que creen que el patriarcado moderno y todo lo que ello supone, son productos de la naturaleza y no construcciones humanas sujetas al cambio, el auténtico motor, a fin de cuentas, de la historia humana.

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  • Blogger NEBULAMBUBLOG says so:
    3:35 p. m.  

    Totalmente de acuerdo con tu opinión. Pero no solamente la historia ha sido vista (analizada, escrita, borrada...) con una mirada heternormativa, patriarcal, colonizadora y demás, también la literatura, la música, la economía y una serie de discursos con los que los sujetos Queer, en resistencia, descolonizados, sobrantes y lo que gustes, tenemos que lidiar día sí y día también. Forma parte de un largo proceso por la equidad -sensu estrictu- Saludos. top

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