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Lo absurdo

El relativismo de la postmodernidad, enterrado por aquellos que aclaman el fin de la historia, el triunfo de sus valores, dicen que liberales, y el ocaso final de las políticas de intervención, resulta una guía útil en tiempos de crisis desconcertante. El capitalismo imaginado ha resultado ser una ficción, como la vida misma, afirmaría un relativista pasado de rosca. La quiebra de todo un modelo de desarrollo, la involución del liberalismo que pudo ser, es el producto de las propias contradicciones internas del sistema, de lo absurdo de creer en la naturaleza natural del mercado, en sus bondades, en su capacidad de autorregulación. Décadas de vergonzosa crítica hacia el keynesianismo reducidas al absurdo del ferviente privatizador que recurre al flotador de lo público. La perversión final del monstruo engendrado por dementes confesos, dilapidadores del bien público, destructores del bienestar común. Socialdemocracia para neoliberales teóricos, no practicantes. Dinero público en socorro de los gigantes privados. El naufragio de aquellos que se lucraron con riquezas imaginadas. El monopoli de Wall Street, su dinero virtual. Éstos son los paisajes del capitalismo postmoderno. La devastación final del absurdo erigido en verdad a adorar. El neoliberalismo tocado de muerte. El silencio de Fukuyama, la estupidez del neoliberal arrepentido. El fin de toda una época. El absurdo de un modelo económico a la deriva. La postmodernidad en todo su esplendor. 

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  • Anonymous Anónimo says so:
    11:03 p. m.  

    La caída del muro de Berlín no significó que toda una corriente ideológica basada en el marxismo fuera un fracaso. La crisis financiera actual no significa que toda una corriente de pensamiento (fundamentalmente económico) basada en el liberalismo sea un fracaso. Las ideologías, las tácticas, las estrategias, los instrumentos, están al servicio del hombre, al servicio de la sociedad, y no al revés. Digo hombre y digo sociedad, pues desde que sepamos, las personas hemos existido en grupos organizados, y se me antoja complicado que no sea así, el ser humano no parece hecho para vivir en soledad. Escucho ahora en boca de liberales palabras que antes escuché en boca de marxistas, justificando las palpables incoherencias entre los pensamientos y las acciones. Veo como liberales de pro se esfuerzan en cuadrar a martillazos el intervencionismo del estado, igual que vi a marxistas de pro esforzándose en cuadrar a martillazos el enriquecimiento de particulares a costa de otros. En fin, tendremos que concluir en que la rigidez teórica en ningún caso se adapta a la realidad. Aquí de lo que se trata en de estar todos juntos y en buena harmonía. Y si para ello hay que salvar empresas, que se supone que sabían del riesgo del mercado y que le asumían, con el dinero público, pues se hará. Y si para ello hay que transferir rentas a particulares en situaciones desfavorables, provocadas a menudo por sus propios actos, mediante lo que se llama el gasto social, pues se hará. De eso se trata. De eso se ha tratado siempre, o, en mi opinión, se debería de tratar. Se trata de personas viviendo juntas. Se trata de facilitar esa convivencia lo más posible.
    Fíjense. Una de las señas de identidad del liberalismo es el respeto y la protección al individuo, sacrificando a la colectividad si fuera necesario. En contra, uno de los pilares del marxismo es el respeto y protección a la colectividad, sacrificando al individuo si fuera necesario. Sin embargo ahora vemos a liberales justificando la intervención del estado en la economía por el bien de la colectividad, pues si cae el sistema financiero lo llevamos todos crudo (gran verdad); los mismos que criticaban la intervención del estado por el bien de un individuo, a base de gasto social. Y al revés, vemos a neomarxistas criticando una intervención del estado en la economía, en ayuda de los bancos, que en principio redunda en un bien para la colectividad (pues su caída arrastraría a todos), en lo cual, se supone, tendrían que estar bastante de acuerdo, al menos en principio; los mismos que de siempre han bendecido el apoyo a un individuo, aunque no fuera “rentable” para la colectividad… Qué cosas… En fin… Vivir para ver…
    Nuestras democracias son el resultado de aunar esas dos corrientes, la del respeto al individuo y la del respeto a la colectividad. Las aportaciones de ambas son preciosas e insustituibles. Cada país tiene una forma especial de aunar las dos tendencias, pero siempre hablan de lo mismo: creación de riqueza mediante la competencia, y mantenimiento de la paz social mediante la redistribución de la renta (a través de un sistema tributario). Y a mi entender, en lo que llamamos democracias de corte occidental, es en donde se ha conseguido una mejor ligazón de estos dos ingredientes aparentemente contrapuestos. Y en eso es en lo que estamos. Así que menos dogmatismos. Menos aprovechar situaciones coyunturales para denostar por entero al “contrario”. Y más lectura comprensiva de lo que sucede, para así sacar conclusiones de fondo, que nos hagan tener una mayor comprensión (valga la redundancia) de la realidad en la que estamos inmersos. top

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