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El [tiempo] necesario

El tiempo, como casi todo, es sumamente relativo. Me dicen unos que, al menos físicamente,  aparento menos días de los que realmente he vivido. Entre ese plano real y objetivo, el de los años realmente transcurridos, y la percepción subjetiva del otro, parece existir un trecho que sólo puede explicarse a través del relativismo que subyace a la propia percepción temporal. Lo que los demás perciben no es necesariamente aquello que en realidad ha ocurrido, y eso, traducido al plano de los sentimientos de pérdida, recuperación y posterior caminar, implica algo de una complejidad importante. Muchos no me entendieron cuando, sumido en una tristeza de muchos días, y pasado ese tiempo “razonable” de ruptura para la mayoría, seguía pidiendo más tiempo para superar el dolor que me causaba pasar de dormir de una cama de dos a una con espacio sólo para el cuerpo del que escribe. El tiempo, en este caso, fue mayor del que muchos otros parecen haber necesitado para superar una pérdida parecida. ¿Seré más lento que los demás? ¿Necesito realmente tanto tiempo para superar aquello que  los demás mortales logran en mucho menos? Lo cierto es que, pese al tiempo transcurrido, al final, aquello se superó.

Puede que en el fondo sea una tortuga con un caparazón de estilo galápago, bien grande para esconderme de todo, que a pesar de caminar parsimoniosamente, y a veces duda de seguir andando o esconderse en el enorme hueco que lleva a sus espaldas, sabe realmente lo que le espera al final de ese camino que tanto miedo le suscita. Una tortuga que, tarde o temprano, terminará zafándose de ese lastre de caparazón para avanzar más rápidamente hacia aquello que en realidad desea. La felicidad, al fin y al cabo, sólo se consigue caminando, tropezando y volviéndonos a levantar. Tras un par de buenos batacazos, intentos de seguir adelante y, finalmente erguido, ha llegado el momento de dar el paso y caminar, sin caparazón y sin más refugio que el que proporciona la certeza de que las cosas, por fin, pueden cambiar. 

pd: gracias por la charla, Nacho. 

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  • Anonymous no. says so:
    9:49 a. m.  

    Todos tenemos un caparazón en el que escondernos de nuestros miedos e inquietudes. Quizá a algunos les resulte más fácil sobreponerse a alguna pérdida, pero en ningún caso creo que seas más lento que el resto de la humanidad. Es difícil superar algo que sigue contigo, que ves constantemente, y que, de hecho, no puedes odiar. Por eso me alegro de que ahora mismo otras circunstancias (que podrían haberse dado hace tiempo, o dentro de unos años, nunca se sabe) te ayuden a dejar ese caparazón, y asomar tu cabecita sin miedo. Déjate llevar por la vida, que ya verás que algo bueno tiene reservado para tí. top

  • OpenID rojonoesuncolor says so:
    1:38 a. m.  

    De nada. Me gusta tu forma de andar por la vida. Dice mucho a tu favor. Pero no te escondas en el caparazón. Un beso. top

  • Blogger Xerach says so:
    9:01 p. m.  

    En eso estamos, No, dejándonos llevar que, al menos en mi caso, ya es todo un logro. Gracias por el comentario. Un abrazo top

  • Blogger Xerach says so:
    9:03 p. m.  

    Ya lo he hablado un par de veces contigo. Liberarse de este tipo de lastres cuesta, y aún así, creo que nunca había estado más preparado para superar de una vez por todas esas hipotecas del pasado que tanto daño me han hecho. Mil besos. top

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