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¿Y ahora qué?

Me dice un amigo que mi abandonado blog es poco personal, y falta de razón no tiene. Pocas son las entradas que aluden directamente a mi persona, y salvo contadas excepciones, el espíritu de lo que debiera ser un blog parece haberse diluido en la inmensidad acaparadora de la política y de la historia. El espacio nació hace ya casi dos años, recién llegado de un México convulsionado por Oaxaca y la pugna presidencial de entonces. El blog ha sido desde entonces una vía de escape para el menda que escribe, un fiel retrato de mis obsesiones y de la manera en que concibo el mundo y me relaciono con él. Hace ya unos meses que me cansé de escribir, y como casi todo en la vida, la monotonía se instaló en mis entradas, cada vez más enfrascadas en lo mismo. Supongo que hay momentos en los que las cosas o cambian o se estancan. El estancamiento implica, metafóricamente, una forma de muerte, eso sí,  fácilmente evitable. Pero la forma de esquivarla pasa por ese cambio que tanto nos aterroriza a muchos. Creer en la inmutabilidad de las cosas a estas alturas resulta francamente estúpido, y muy a pesar de ello, sigo con ese miedo a cualquier cambio. Unos se enfrentan al cambio recurriendo a la divina providencia, vamos, que si los cambios llegan es por qué así lo ha querido ese guión celestial al que todos sucumbimos. Aceptar el cambio desde ésta óptica resulta, cuanto menos, cómodo. Otros, con los pies más pegados a la tierra optan por interiorizar el cambio como parte fundamental de sus vidas; así, la impermanencia es la principal característica de todo aquello que conocemos y probablemente conoceremos. Lo que al final queda claro es que, tanto para unos como para otros, los cambios son un imperativo más de esta agradable y a la vez retorcida existencia que nos ha tocado vivir. Tener miedo al cambio supongo que es normal, ahora bien, negarse a aceptarlo implica negar la realidad de aquello que nos rodea. Aferrarnos al pasado, a esa vida, cosa o acontecimiento ya muerto nos termina conduciendo a ese callejón sin salida que todos hemos visitado alguna vez. Dar el paso y optar por el cambio es lo mejor que podemos hacer cuando no sabemos muy bien qué hacer, o cuando en realidad queremos avanzar. Pero la duda inevitable del, ¿y ahora qué?, siempre termina instalándose haciéndonos dudar en más de una ocasión. Mientras se aclara la duda yo seguiré escribiendo, más sobre mí y menos sobre todo. Las dudas que esperen, es hora de cambiar. 

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  • OpenID rojonoesuncolor says so:
    12:46 a. m.  

    La causa del Tíbet es importante y muy interesante. Pero tú tienes muchas cosas interesantes que contar a los demás. A mí me gustaría mucho leer de ti. Un besazo, moderno. top

  • Blogger Xerach says so:
    10:28 a. m.  

    Supongo que todos tenemos algo interesante que contar, al fin y al cabo, necesitamos que los demás nos presten algo de atención de vez en cuando. Otra cosa es que aquello que cuente sea del interés de alguno, o que un blog personalizado sea del agrado de los pocos que aún siguen leyéndome. Eso sí, me basta con saber que sigues interesado en leerme para mantener vivo este blog arruinado. Un beso enorme, guapo. top

  • Anonymous Anónimo says so:
    7:02 p. m.  

    ¿Y ahora qué?, ahora toca, como bien dices, avanzar, seguir adelante, dejarnos sorprender por las cosas de la vida y especialmente por las que llegan y engrandecen o reactivan nuestra ilusión (por pequeña que sea). Como se trata de aceptar los cambios, a pesar del miedo o las dudas que ello pueda suponer, yo también me voy a apuntar y voy a salir del estanque. Gracias amigo, me siento super orgullosa de ti, has conseguido emocionarme y sobre todo hacerme reflexionar. Eres una persona que tiene ese algo especial que tienen pocos.Por favor, sigue aumentando tus entradas con la categoría "personal".
    espero ansiosa la póxima:
    Gara
    ah! se me olvidaba...(te quiero mucho) top

  • Blogger Xerach says so:
    3:28 p. m.  

    Gara, tu comentario me ha emocionado mucho. Ya te dije la última vez que nos vimos que, a pesar del tiempo que pasa a veces sin vernos, cuando nos volvemos a encontrar siento esa extraña cercanía que sólo tengo con aquellos con los que tengo un contacto muy frecuente. Y eso, entre un montón de cosas más, te hace muy especial. Lo dicho, gracias por leerme y por animarme a seguir escribiendo. Yo también te quiero mucho. Mil besos. top

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