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Agosto de 1986

Hace 22 años que no nos vemos, que no sabemos nada el uno del otro. Dos décadas dan mucho de sí… La vida no nos dio el suficiente tiempo para conocernos; la vida casi siempre es así de cabrona. En el mar amnésico de mis recuerdos infantiles hay muy pocos episodios en los que estás presente. Como siempre, me acuerdo de lo peor: el día en el que no me quisiste comprar aquel muñeco de He-Man con doble cabeza; también guardo recuerdos más agradables, como las decenas de visitas al Loro Parque guiadas por la calidez de una mano que me hacía sentir más seguro. Lo sé, sigo siendo igual de tímido veinte años después. Lo peor del caso es que los pocos recuerdos que tengo de ti están inevitablemente asociados al drama de tu partida: me acuerdo de la noche en la que dormimos Haineto y yo fuera de casa, sin explicaciones, rodeados de mentiras complacientes y de una tensión insoportable. Me acuerdo de los temblores que anunciaban lo inevitable. Sabía que te habías marchado, pero desconocía el significado en sí de la muerte. Metáforas y eufemismos me explicaron que te habías ido para siempre: te fuiste al cielo como superman, dije a nuestra madre con lágrimas en los ojos. Sí, me respondió ella. El tabú se instaló entre nosotros sigilosa y discretamente: te habías ido y punto. Herméticamente encerrado en la burbuja del dolor, en mi mundo de juegos y fantasía en solitario afronté tu ausencia de la mejor manera posible. Los psicólogos me obligaban a pintar a una familia formada por tres y no por cuatro; yo me negaba y siempre terminaba pintándote junto a mí, agarrándome de la mano como en aquellas visitas al zoo. De poco sirvieron aquellas sesiones ilógicas, porque la muerte de alguien que se quiere se supera con el tiempo. Hay cosas que aún duelen, y esas no se curan para desgracia de todos. No se cura el dolor que causa el no tener casi recuerdos de alguien al que, a pesar de todo, quieres con locura. Nuestra memoria personal es eso, nuestra. Y en esa memoria propia te guardo como a un tesoro intocable. La memoria, tan intangible y necesaria ni se corrompe ni desaparece si así lo deseamos. Y yo opté en su día  por mantener tu memoria a través de los exiguos recuerdos que aún conservo de ti. Hoy, con palabras, te he hecho tangible, cercano, vivo. Te quiero papá. 

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  • OpenID rojonoesuncolor says so:
    3:35 a. m.  

    Olvidar a alguien a quien has querido mucho es imposible e intentarlo roza la absurdez. Lo recuerdos son la vida. Sin recuerdos no somos nada, una vasija de barro, un amasijo hecho de cuerdas y tendones, que dijo Silvio. Yo pasé por lo mismo que tú y 26 años después recuerdo con detalle el día en que supe que mi padre había muerto. Otros recuerdos dolorosos los tengo más frescos aún y a lo único que aspiro es a que un día dejen de doler. No sólo lo malo que nos ha ocurrido conlleva lágrimas. Lo bueno puede dejar un rastro indeleble en el alma. A veces incluso más. En fin, pibe, que no dejes de ser tímido, que es uno de tus mayores encantos junto con tus ojos. Un abrazo fuerte. Nacho top

  • Blogger Xerach says so:
    12:48 p. m.  

    Gracias de nuevo, y lo dicho, a pesar de lo que muchos parecen creer y decir eres encantador. Un abrazote. top

  • OpenID rojonoesuncolor says so:
    8:03 p. m.  

    En algún lugar he leído que eres encantandor. Yo también lo creo. Un abrazo. Me gusta esa fotografía que acompaña tus comentarios. Es moderna. Jejjeje top

  • Blogger Xerach says so:
    1:26 a. m.  

    Es una modernidad más de las mías supongo, jeje. Si al final resulta que terminas teniendo razón. Un abrazo!! top

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