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Performance liberal

Bajo el concepto de "representatividad limitada", los ciudadanos de una democracia occidental de corte liberal, a través del sufragio universal activo, delegan en sus representantes ante las instituciones la tarea de gestionar la res pública. Esta articulación limitada del sistema político liberal implica un funcionamiento formal de las instituciones democráticas basadas en performances de tintes teatrales, rearticulados como democráticos a través de una retórica y un discurso determinado por los órganos políticos que controlan el proceso general: los partidos. La gran performance de la democracia liberal son las elecciones, instituidas como el único momento en el que los ciudadanos ejercen directamente los derechos básicos adscritos al concepto de soberanía, en el sentido democrático del término. Siguiendo las lógicas de Rosseau, las elecciones institucionalizan una determinada manera de entender la democracia; un discurso antidemocrático de base que implica convertir a los electores en soberanos por un día, y en subordinados políticos el resto del tiempo. En la democracia liberal, los electores son reducidos a meros sujetos manipulables por los maquinarias electorales y propagandísticas de los partidos, alimentados, a su vez, con los fondos públicos, ergo, con el dinero de los electores. Ello implica una prostitución absoluta del concepto de sufragio, representatividad y de las propias dinámicas de la democracia. Supone una marginación estructural de la soberanía de los ciudadanos, al negárseles a éstos a ser partícipes de las grandes decisiones, reduciendo notablemente el margen democrático del voto a un mero performance cuyo fin último es la elección de un teórico representante, que a través de un programa electoral, marca las directices básicas de su actuación. Esto, lógicamente, es mera teoría, ya que en la práctica, el propio representante sucumbe a la maquinaria del partido al que está adscrito, que a su vez lo reduce a un simple peón del gran juego de la oposición entre partidos. El teórico representante del ciudadano es rearticulado en función de los intereses del partido; se instrumentaliza el escaño en función de los dictámenes de los órganos centrales del partido; el voto del elector es transformado simbólicamente en la base de la dictadura de los partidos de la democracia: la partitocracia.
La preeminencia de los partidos sobre la propia opinión de los electores es el principal símbolo de esta tergiversación a gran escala del sentido de la democracia en sí. Los demócratas radicales, críticos con las estructuras de la dictadura de los partidos, plantean una reforma estructural que implica no sólo la ampliación de la participación de los electores más allá de los limitados marcos del voto ocasional, sino la conversión de la democracia representativa en una democracia directa; en una democracia radical.

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