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Todos somos tibetanos viernes, 21 de marzo de 2008 |



Llevamos ya más de 10 días de protestas, represión y locura en el Techo del Mundo, y aún así, las democracias occidentales han sido incapaces de ponerse de acuerdo y plantarle cara al monstruo comunista. Algunos líderes europeos, especialmente de Francia y Alemania, vienen exigiendo algún tipo de protesta simbólica contra el salvajismo militarista que China está exhibiendo en el Tíbet. El boicot a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos es la protesta más factible en estos momentos. Es absolutamente impropio de países en los que las libertades y los derechos humanos son los pilares mismos de sus sistemas sociopolíticos, que la respuesta a las atrocidades que se están perpetrando en el Tíbet sea el silencio o la indiferencia. Hoy se ha completado la expulsión de todos los occidentales presentes en el Tíbet: dos periodistas, uno alemán y otro austriaco, bajo amenazas de toda índole, han abandonado la Región Autónoma. Sin la presencia de extranjeros, tanto turistas como informadores profesionales, se da vía libre a la brutalidad de una represión que se antoja escalofriante. El mundo vuelve a dejar en la más absoluta soledad a los tibetanos, indefensos ante la maquinaria bélica del mayor ejército del planeta. Y como si de una extraña casualidad se tratara, en el otro foco de tensión que junto al Tíbet forma Taiwán, este fin de semana se celebran elecciones y un referéndum que podría dar vía libre a la independencia de jure de la isla rebelde. Con la represión del Tíbet de telón de fondo los taiwaneses podrían iniciar un complejo camino hacia la independencia que, simbólicamente, auparía a la isla a las Naciones Unidas como país independiente. Mientras, fragatas de guerra del ejército estadounidense patrullan ya las costas de Taiwán con el objetivo de disuadir cualquier maniobra militar china sobre la isla. Y a miles de kilómetros, en el techo mismo de este mundo caótico, un pueblo en la más terrible soledad se enfrente al terror de aquellos que no creen en la libertad ni en los derechos humanos; de aquellos que con las armas, los tanques en la calle y la tortura en prisión hacen política; de aquellos que, al fin y al cabo, hacen de la vida de los tibetanos el mayor de los infiernos conocido. Hoy, más que nunca, por empatía, por solidaridad, por amor al hermano que sufre yo me siento tibetano, todos somos tibetanos.
*Imagen: más de 200 antidisturbios chinos enfrentándose a un reducido grupo de monjes de uno de los tres principales monasterios del Tíbet, Ganden.

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Xerach F. Smeding